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Me hubiese gustado

Eremita

Poeta recién llegado
Me hubiese gustado caminar contigo
por laderas de viento y de lluvia incesante
alguna noche de agosto,
cuando las estrellas se derraman y se esparcen sobre el mundo.


Quisiera haberte visto absorta, en el oscuro caos del renacer creativo de mis manos,
hubiese querido saberte en la inmensidad de mis montañas, cerca de las lagunas encantadas y oscuras,
quisiera haber sentido tus manos como surcos abiertos, como flores abriéndose, nuevas, expectantes,

pero te vas, y nada de esto he hecho.

Nunca llegué más allá de estar tendido contigo, desnudo y solitario frente a tu cuerpo de niebla y espuma.


Te vas y no te llevas de mí sino mi sombra,
dejándome en tinieblas, derrotado y sin rumbo.


(Como un celaje llega a mis entrañas otra despedida,
ejecutada justo el día y la hora de mi nacimiento:
un crisol, como un solo ser, que fue roto,
y cuando nos separamos, ya no sabíamos ninguno de los dos,
quién y cuándo éramos o dejamos de ser uno para el otro o para el mundo y la vida.

Ella, resbalando el cristal, abandonó mi mano,
Terminándolo todo, como una cosa muerta.
Así que no hay más recuerdo que sus huellas,
las mismas que el agua ha lavado.)


Me hubiese gustado despertarte
al cielo de mis sueños de niño,
cuando mi alma era una llama flameante y luminosa
y mis palabras claras como el canto del río.


Régulo Briceño.
 
Última edición:
Me hubiese gustado caminar contigo
por laderas de viento y de lluvia incesante
alguna noche de agosto,
cuando las estrellas se derraman y se esparcen sobre el mundo.


Quisiera haberte visto absorta, en el oscuro caos del renacer creativo de mis manos,
hubiese querido saberte en la inmensidad de mis montañas, cerca de las lagunas encantadas y oscuras,
quisiera haber sentido tus manos como surcos abiertos, como flores abriéndose, nuevas, expectantes,

pero te vas, y nada de esto he hecho.

Nunca llegué más allá de estar tendido contigo, desnudo y solitario frente a tu cuerpo de niebla y espuma.


Te vas y no te llevas de mí sino mi sombra,
dejándome en tinieblas, derrotado y sin rumbo.


(Como un celaje llega a mis entrañas otra despedida,
ejecutada justo el día y la hora de mi nacimiento:
un crisol, como un solo ser, que fue roto,
y cuando nos separamos, ya no sabíamos ninguno de los dos,
quién y cuándo éramos o dejamos de ser uno para el otro o para el mundo y la vida.

Ella, resbalando el cristal, abandonó mi mano,
Terminándolo todo, como una cosa muerta.
Así que no hay más recuerdo que sus huellas,
las mismas que el agua ha lavado.)


Me hubiese gustado despertarte
al cielo de mis sueños de niño,
cuando mi alma era una llama flameante y luminosa
y mis palabras claras como el canto del río.


Régulo Briceño.
Excelentes letras, magnífico manejo de las imágenes.
Un abrazo.
 
Me hubiese gustado caminar contigo
por laderas de viento y de lluvia incesante
alguna noche de agosto,
cuando las estrellas se derraman y se esparcen sobre el mundo.


Quisiera haberte visto absorta, en el oscuro caos del renacer creativo de mis manos,
hubiese querido saberte en la inmensidad de mis montañas, cerca de las lagunas encantadas y oscuras,
quisiera haber sentido tus manos como surcos abiertos, como flores abriéndose, nuevas, expectantes,

pero te vas, y nada de esto he hecho.

Nunca llegué más allá de estar tendido contigo, desnudo y solitario frente a tu cuerpo de niebla y espuma.


Te vas y no te llevas de mí sino mi sombra,
dejándome en tinieblas, derrotado y sin rumbo.


(Como un celaje llega a mis entrañas otra despedida,
ejecutada justo el día y la hora de mi nacimiento:
un crisol, como un solo ser, que fue roto,
y cuando nos separamos, ya no sabíamos ninguno de los dos,
quién y cuándo éramos o dejamos de ser uno para el otro o para el mundo y la vida.

Ella, resbalando el cristal, abandonó mi mano,
Terminándolo todo, como una cosa muerta.
Así que no hay más recuerdo que sus huellas,
las mismas que el agua ha lavado.)


Me hubiese gustado despertarte
al cielo de mis sueños de niño,
cuando mi alma era una llama flameante y luminosa
y mis palabras claras como el canto del río.


Régulo Briceño.
Maravilloso y tierno.
Un gusto leerte.
Luciana.
 
Me hubiese gustado caminar contigo
por laderas de viento y de lluvia incesante
alguna noche de agosto,
cuando las estrellas se derraman y se esparcen sobre el mundo.


Quisiera haberte visto absorta, en el oscuro caos del renacer creativo de mis manos,
hubiese querido saberte en la inmensidad de mis montañas, cerca de las lagunas encantadas y oscuras,
quisiera haber sentido tus manos como surcos abiertos, como flores abriéndose, nuevas, expectantes,

pero te vas, y nada de esto he hecho.

Nunca llegué más allá de estar tendido contigo, desnudo y solitario frente a tu cuerpo de niebla y espuma.


Te vas y no te llevas de mí sino mi sombra,
dejándome en tinieblas, derrotado y sin rumbo.


(Como un celaje llega a mis entrañas otra despedida,
ejecutada justo el día y la hora de mi nacimiento:
un crisol, como un solo ser, que fue roto,
y cuando nos separamos, ya no sabíamos ninguno de los dos,
quién y cuándo éramos o dejamos de ser uno para el otro o para el mundo y la vida.

Ella, resbalando el cristal, abandonó mi mano,
Terminándolo todo, como una cosa muerta.
Así que no hay más recuerdo que sus huellas,
las mismas que el agua ha lavado.)


Me hubiese gustado despertarte
al cielo de mis sueños de niño,
cuando mi alma era una llama flameante y luminosa
y mis palabras claras como el canto del río.


Régulo Briceño.
Cada detallese va ensmismando en esa posibilidad de un amor soñado. delicadeza
y formalidad abierta para desde la natureza abundan en esencias. me ha gustado
mucho. felicidades por la obra y saludos de luzyabsenta
 
Me hubiese gustado caminar contigo
por laderas de viento y de lluvia incesante
alguna noche de agosto,
cuando las estrellas se derraman y se esparcen sobre el mundo.


Quisiera haberte visto absorta, en el oscuro caos del renacer creativo de mis manos,
hubiese querido saberte en la inmensidad de mis montañas, cerca de las lagunas encantadas y oscuras,
quisiera haber sentido tus manos como surcos abiertos, como flores abriéndose, nuevas, expectantes,

pero te vas, y nada de esto he hecho.

Nunca llegué más allá de estar tendido contigo, desnudo y solitario frente a tu cuerpo de niebla y espuma.


Te vas y no te llevas de mí sino mi sombra,
dejándome en tinieblas, derrotado y sin rumbo.


(Como un celaje llega a mis entrañas otra despedida,
ejecutada justo el día y la hora de mi nacimiento:
un crisol, como un solo ser, que fue roto,
y cuando nos separamos, ya no sabíamos ninguno de los dos,
quién y cuándo éramos o dejamos de ser uno para el otro o para el mundo y la vida.

Ella, resbalando el cristal, abandonó mi mano,
Terminándolo todo, como una cosa muerta.
Así que no hay más recuerdo que sus huellas,
las mismas que el agua ha lavado.)


Me hubiese gustado despertarte
al cielo de mis sueños de niño,
cuando mi alma era una llama flameante y luminosa
y mis palabras claras como el canto del río.


Régulo Briceño.
Bello.
Sin dudar hay transiciones que uno anhela no haber pasado.
Saludos
 

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