Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Corrió tan deprisa que no sintió el minuto,
en que la libertad quedaba presa,
en la comisaría le leyeron La Biblia en un segundo
y su respiración se puso seca.
Dispense, usted, su señoría
le digo que esta acusación que han hecho mía
no tiene verdad ni fundamento,
ni estatura ni azúcar, ni condimento.
Yo sólo sé que nos besamos siendo amigos,
con acto de fe, con mi Dios como testigo,
bajo un huracán de bendiciones,
bajo el nombre de aquél que escribe las canciones.
Si se murió el amor, no he sido yo su asesino,
no soy intelectual, ni tengo porte de Cupido,
que se vaya al ataúd conmigo
el beso que me dio, con sal, en medio del ombligo.
Me lavo yo las manos, el maldito amor es un ladrón
algo torpe, cierto, despistado y somnoliento,
yo había entregado el corazón
y me lo devolvieron hace un tiempo.
en que la libertad quedaba presa,
en la comisaría le leyeron La Biblia en un segundo
y su respiración se puso seca.
Dispense, usted, su señoría
le digo que esta acusación que han hecho mía
no tiene verdad ni fundamento,
ni estatura ni azúcar, ni condimento.
Yo sólo sé que nos besamos siendo amigos,
con acto de fe, con mi Dios como testigo,
bajo un huracán de bendiciones,
bajo el nombre de aquél que escribe las canciones.
Si se murió el amor, no he sido yo su asesino,
no soy intelectual, ni tengo porte de Cupido,
que se vaya al ataúd conmigo
el beso que me dio, con sal, en medio del ombligo.
Me lavo yo las manos, el maldito amor es un ladrón
algo torpe, cierto, despistado y somnoliento,
yo había entregado el corazón
y me lo devolvieron hace un tiempo.