Me levanté aquel día
en un lienzo espantado
de su propio dibujo,
en el anónimo mural que alguna niebla
pronuncia entre la arena y los paisajes.
Me levanté cansado de acechar
la memoria, los hábitos rapaces
de la noche, los muelles del insomnio
de los que sólo parten las salidas
y el regreso no es más que la leyenda
sin probabilidad de hacerse signos.
Me levanté sin ganas
de otra jornada predecible, dócil
en su postura azul,
en el rumbo previsto hacia el crepúsculo,
en la mediocridad de su certeza.
Y mutilé el color del horizonte
y en su lugar crecieron los escombros
necesarios para empezar de nuevo
a ocupar nuestro sitio en el espacio.
en un lienzo espantado
de su propio dibujo,
en el anónimo mural que alguna niebla
pronuncia entre la arena y los paisajes.
Me levanté cansado de acechar
la memoria, los hábitos rapaces
de la noche, los muelles del insomnio
de los que sólo parten las salidas
y el regreso no es más que la leyenda
sin probabilidad de hacerse signos.
Me levanté sin ganas
de otra jornada predecible, dócil
en su postura azul,
en el rumbo previsto hacia el crepúsculo,
en la mediocridad de su certeza.
Y mutilé el color del horizonte
y en su lugar crecieron los escombros
necesarios para empezar de nuevo
a ocupar nuestro sitio en el espacio.