Sergi Siré
Poeta asiduo al portal
¡Déjame que grité!
Yo he respetado los sílbidos de tus fusiles
permíteme un grito,
Tápad mis ojos pero no palabras.
Hoy será el día en que otros,
con el alma de este enamorado
será abrazado por su madre
ese que hoy señalas mientras rozo el salitre.
Hoy es el día que escogí para lanzar mi granada de mano
para que brindéis en copas llenas con mis lágrimas
para partir el espinazo de mi amapola colorada,
en que el mundo calle la boca de un hermano.
Permíteme, mi estimado verdugo
que expire con el alma en paz
que firme mi pacto con mi amada
y cumpla, permítame, con la palabra dada.
Amor prohibido, amor podrido
Alegría callada, candela apagada
Ya me arté de esconder este amor
¡Sí, la amé!
Mantienen mis muñecas firmes al madero
mientras creen, ignorantes, que no escaparé.
¡Ay! Cuanto reiran los ángeles al veros llegar
el día en que prueben la misma arena por la que correrá,
esta tarde quizás, la sangre de mis venas.
Amor enjaulado por el que me condenan
a alguien no le gustó mi melena
a Carlos II le impresionó su color de piel
su acento hebreo y su tez morena.
¡Matadme con delicada violencia!
No rasguen mi camisa que ya lo hará el corazón
que aleterado quiere salir corriendo,
campo através, saltando la barrera
con que tapiaron y hoy estoá cayendo.
Pues me váis a matar
porque lo habéis logrado sin desearlo
que aun aquí, a punto de morir,
a pensar de que sudo de terror,
no la desee, ¡sino que aun más la ame!
Cargan la pólvora,
suena la trompeta de Ades.
LLueven lágrimas turcas,
bailan las beatas sobre mi cavada tumba.
Amor mío...
ya lo dije...
¡Pronto estaré ahí arriba contigo!
..¡Cumplí mi palabra!
...
...
...