Itamar
Poeta asiduo al portal
...y el bloqueo de amar entre rejillas frías se desvanece, el desconsuelo
se larga al polo norte, el frío le sabe bien al cuerpo que maldijo
el canto de un pájaro, la sonrisa del niño, el aroma de su piel,
calidez se refugia entre los párpados pesados del amor.
Enderezar el hilo, corta y amarga la ordinaria rutina y
entre imaginaciones inocentes que se escriben en el techo de
las estrellas, se encuentra tu fugaz luz, que a mi deseo das
a respirar como a salvavidas un nuevo empezar, una tregua de amar.
Sobrevivir ante la vuelta perdida de la mala suerte, sollozar por última
vez el desgano, se miran hacia arriba tus brazos, se toca el alma ajena
que ha traido brillo a la inanimada vida, las respuestas pasadas de una caída
dolorosa, del camino esquizofrénico con piedras de soledad.
Encuentras penumbras después de una guerra interna, existe mortandad
dentro, entre las jaulas, entre prisioneros y sangre derramada, pero
justo mi dolor se rinde, entregado con bandera de paz, a tu inmortal
propiedad de hacerme revivir entre el desplome.
Desarropaste de mí los escombros, samaritano corazón, me miró.
se larga al polo norte, el frío le sabe bien al cuerpo que maldijo
el canto de un pájaro, la sonrisa del niño, el aroma de su piel,
calidez se refugia entre los párpados pesados del amor.
Enderezar el hilo, corta y amarga la ordinaria rutina y
entre imaginaciones inocentes que se escriben en el techo de
las estrellas, se encuentra tu fugaz luz, que a mi deseo das
a respirar como a salvavidas un nuevo empezar, una tregua de amar.
Sobrevivir ante la vuelta perdida de la mala suerte, sollozar por última
vez el desgano, se miran hacia arriba tus brazos, se toca el alma ajena
que ha traido brillo a la inanimada vida, las respuestas pasadas de una caída
dolorosa, del camino esquizofrénico con piedras de soledad.
Encuentras penumbras después de una guerra interna, existe mortandad
dentro, entre las jaulas, entre prisioneros y sangre derramada, pero
justo mi dolor se rinde, entregado con bandera de paz, a tu inmortal
propiedad de hacerme revivir entre el desplome.
Desarropaste de mí los escombros, samaritano corazón, me miró.