juana rivera medina
Poeta fiel al portal
Literalmente ante sus pies postrada
supliquéle una vez la indultación,
y su boca, su boca tan amada
me contestó que no, sin emoción.
Su corazón fué sordo a mi pedido,
me negó su perdón y así su amor;
dijo que podía darme solo olvido,
que volver a quererme era dolor.
Recogí los destrozos de mi orgullo
irgiéndome ante él con altivez,
de entre mi corazón recogí el suyo
y lo puse en sus manos de una vez.
Me alejé presurosa de su lado
temiendo que el dolor viera en mis ojos;
me alejé para siempre del amado
objeto de placer, de amor y enojos.
Lloraba sin llorar cuando noté,
al sentir como un hueco en mi costado,
que unido al corazón que le entregué
mi pobre corazón se había quedado.
supliquéle una vez la indultación,
y su boca, su boca tan amada
me contestó que no, sin emoción.
Su corazón fué sordo a mi pedido,
me negó su perdón y así su amor;
dijo que podía darme solo olvido,
que volver a quererme era dolor.
Recogí los destrozos de mi orgullo
irgiéndome ante él con altivez,
de entre mi corazón recogí el suyo
y lo puse en sus manos de una vez.
Me alejé presurosa de su lado
temiendo que el dolor viera en mis ojos;
me alejé para siempre del amado
objeto de placer, de amor y enojos.
Lloraba sin llorar cuando noté,
al sentir como un hueco en mi costado,
que unido al corazón que le entregué
mi pobre corazón se había quedado.