Me ofreces todo cuanto posees,
hasta la piel oscura que te regaló la Luna
la última madrugada de tu infancia,
cuando se ocultó entre las nubes
dejándote a solas con tus miedos.
Y no te he escuchado nunca lamentarte
si tu hija te reclama antes de dormirse,
que le inventes un cuento cada noche.