elbuenjudas
Poeta recién llegado
Me presentaron el peor tipo de mujer
Fue noviembre, no recuerdo, solo estaba presente en mi mente su cabello largo, su delicada risa y su locura, su hermosa locura que deja con una expresión de extrañeza a todo el que pasaba.
Pero yo, yo era tan cuerdo que en mi lógica encontré un mundo desconocido, inexplorado, el punto de referencia del cual mi vida se basaría en antes de ella, y después de ella.
Sabía que mi carta de presentación seria la cobardía, el huir despavorido de su encanto, el correr y no parar, pero mirando atrás, tratando de tenerme, tratando de regresar.
Ella no lo sabía, yo en realidad no quería saberlo, pero como si se tratase de un golpe de calor, de una noticia inesperada, de una revolución en mi cabeza, aprendí la ironía de no buscar y encontrarlo todo en un segundo.
Sentía como se desprendían mis retinas ante su figura, sentía como el mundo atestiguaba el nacimiento de un nuevo títere de trapo, no miento que en sus hilos yo era el títere más feliz del mundo
Desde su pequeña estatura me miraba y yo ante ella me sentía el ser más insignificante del universo, el color café de sus ojos parecía hipnotizarme, y sus labios pequeños parecían llamarme, parecían decir que me acercara sin siquiera moverse
Pero el tiempo verdugo de las ilusiones se encargó de clavar los clavos de la ironía, primero en mis manos que jamás podrían tocarla, después en mis pies que nunca caminarían a su lado, y al final en mi realidad, para hacerme saber que alguien como ella no podría estar sola, y quedarme sin poder para la hemorragia de que llegue tarde a su vida.
“Fue todo un gusto”, dijo ella
“El placer fue todo mío”, dije yo
Me presentaron al peor tipo de mujer, y ella, conoció al hombre más impuntual del mundo
Fue noviembre, no recuerdo, solo estaba presente en mi mente su cabello largo, su delicada risa y su locura, su hermosa locura que deja con una expresión de extrañeza a todo el que pasaba.
Pero yo, yo era tan cuerdo que en mi lógica encontré un mundo desconocido, inexplorado, el punto de referencia del cual mi vida se basaría en antes de ella, y después de ella.
Sabía que mi carta de presentación seria la cobardía, el huir despavorido de su encanto, el correr y no parar, pero mirando atrás, tratando de tenerme, tratando de regresar.
Ella no lo sabía, yo en realidad no quería saberlo, pero como si se tratase de un golpe de calor, de una noticia inesperada, de una revolución en mi cabeza, aprendí la ironía de no buscar y encontrarlo todo en un segundo.
Sentía como se desprendían mis retinas ante su figura, sentía como el mundo atestiguaba el nacimiento de un nuevo títere de trapo, no miento que en sus hilos yo era el títere más feliz del mundo
Desde su pequeña estatura me miraba y yo ante ella me sentía el ser más insignificante del universo, el color café de sus ojos parecía hipnotizarme, y sus labios pequeños parecían llamarme, parecían decir que me acercara sin siquiera moverse
Pero el tiempo verdugo de las ilusiones se encargó de clavar los clavos de la ironía, primero en mis manos que jamás podrían tocarla, después en mis pies que nunca caminarían a su lado, y al final en mi realidad, para hacerme saber que alguien como ella no podría estar sola, y quedarme sin poder para la hemorragia de que llegue tarde a su vida.
“Fue todo un gusto”, dijo ella
“El placer fue todo mío”, dije yo
Me presentaron al peor tipo de mujer, y ella, conoció al hombre más impuntual del mundo