Asomada a la ventana
de mi lujoso palacio,
miraba atraída
en el horizonte,
a una sombra
que se peinaba
triste y llorosa,
en las viejas ruinas,
justo, frente a casa.
Quiso la casualidad
que nos saludásemos
con la mano en alto.
Justo en el mismo momento,
en el preciso instante,
como en un espejo...
¡Pobrecita! con lo triste
que se le veía…
de mi lujoso palacio,
miraba atraída
en el horizonte,
a una sombra
que se peinaba
triste y llorosa,
en las viejas ruinas,
justo, frente a casa.
Quiso la casualidad
que nos saludásemos
con la mano en alto.
Justo en el mismo momento,
en el preciso instante,
como en un espejo...
¡Pobrecita! con lo triste
que se le veía…
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