Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo yo la culpa de buscar tus besos en la madrugada
sabiendo que tu boca no me besa ya a la desesperada,
tengo yo la culpa de esperar que vuelvas y fingir
que te espero sonriendo, yo sé que ya no me amas.
Despierta ya, los sueños pasaron de la calma
y se fueron de viaje, a vivir en mundos lejanos
donde mis caricias no pueden encontrarte,
me haces falta amor, amarte me hace daño.
Todavía te siento besando mi pecho y dejando el alma,
suplicando que vuelva a mi boca el dulce sabor
de tu respiración y sentir que tus manos me tocan,
tengo la memoria llena de nostalgias tuyas
que hoy me desesperan y se desangra el corazón.
Tengo yo la culpa de espiarte desnuda
y suspirar las gotas de sudor
que cansadas amor se marchan de mí,
yo no sé sobrevivir en este mundo
que sin tus letras es una maldición.
Échame a mí la culpa, acepto que soy culpable,
pero esta condena no quiere pasar de mí
y aunque me das un beso no te siento aquí
y supongo que yo moriré pensando en tu piel tan suave.
Soy dulce para las tristezas y enemigo de la felicidad,
un ave que no gana a su presa
y un barco desierto sin timón ni capitán.
Soy dulce para tener el corazón en quiebra,
y aunque me ves reír, no paro de llorar.
sabiendo que tu boca no me besa ya a la desesperada,
tengo yo la culpa de esperar que vuelvas y fingir
que te espero sonriendo, yo sé que ya no me amas.
Despierta ya, los sueños pasaron de la calma
y se fueron de viaje, a vivir en mundos lejanos
donde mis caricias no pueden encontrarte,
me haces falta amor, amarte me hace daño.
Todavía te siento besando mi pecho y dejando el alma,
suplicando que vuelva a mi boca el dulce sabor
de tu respiración y sentir que tus manos me tocan,
tengo la memoria llena de nostalgias tuyas
que hoy me desesperan y se desangra el corazón.
Tengo yo la culpa de espiarte desnuda
y suspirar las gotas de sudor
que cansadas amor se marchan de mí,
yo no sé sobrevivir en este mundo
que sin tus letras es una maldición.
Échame a mí la culpa, acepto que soy culpable,
pero esta condena no quiere pasar de mí
y aunque me das un beso no te siento aquí
y supongo que yo moriré pensando en tu piel tan suave.
Soy dulce para las tristezas y enemigo de la felicidad,
un ave que no gana a su presa
y un barco desierto sin timón ni capitán.
Soy dulce para tener el corazón en quiebra,
y aunque me ves reír, no paro de llorar.
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