Hannah Alarcón G.
Poeta asiduo al portal
Espero la media noche para escabullirme, tomo el teléfono y busco en whatsapp tu última hora en línea. Una hora y media... ya estas dormido, solo así no lo revisarías.
Ya se que te dije adiós, claro y terminantemente adiós. No creas que te extrañó, es solo, solo la fuerza de la costumbre. Además solo es ver una hora marcada, no es nada, no es importante.
Aún que, eso dice mucho. Me dice que ya estas en casa o por lo menos descansando. Que no hay problemas en el trabajo, estas bien, no importa con quien.
Es lo que mi cerebro le dice a mi corazón para calmarlo, ya lo conoces, esta un poco loco.
Media noche, es la única hora, el único momento en el día, de vez en cuando que pienso en ti.
Te levantaras temprano, cinco y algo. Amas tu trabajo, no llegas tarde.
Recuerdo muy bien el día en que seleccionaste personal, me pediste nuestra sala de junta para hablar con ellos. Al final les dijiste: "Eso es todo, los espero mañana a las nueve en punto. Las 9:01 no son las nueve. Puntuales."
En ese momento me derretí. Tu voz, esa voz tan sensual, tan varonil, segura. Esa voz que invade cada poro de mi piel, que abre camino hasta llenar a mi corazón, que lo vibra, que lo mueve, que lo enamora.
Esa voz, esa voz que lo enamora.
Esperaste que todos salieran de la habitación, entraste a la oficina, como siempre sin tocar. Te inclinaste sobre el escritorio y con un ligero toque sobre la madera me obligaste a mirarte.
Gracias. Fueron las únicas palabras mientras me mirabas. Tu mirada... serena, penetrante. Dos segundos a lo mas mi mirada sostuvo la tuya. Haciendo uso de toda mi capacidad para contenerme, solo logre asentir con la cabeza. Evitando que algun músculo de mi rostro reflejará algún sentimiento.
Entonces, esa sonrisa pícara que se esconde en el lado derecho de tus labios. Y el brillo en tu mirada que me dice: se lo que estas sintiendo. Y entonces, sin poder evitarlo, el rubor en mis mejillas que me delata.
Vuelvo a mis labores. Y se queda tu esencia, que invade la habitación. Tu olor. Lo cual es imposible, por que tu no usas perfume. Pero puedo olerte. Podría decir que veo tu fragancia jugando con mi cabello, tratando de seducir mis labios, tocando mi humedad.
Pero eso es pasado. Es el pasado. Ya te deje ir. No eres para mi. Es imposible. Lo es...
Ya se que te dije adiós, claro y terminantemente adiós. No creas que te extrañó, es solo, solo la fuerza de la costumbre. Además solo es ver una hora marcada, no es nada, no es importante.
Aún que, eso dice mucho. Me dice que ya estas en casa o por lo menos descansando. Que no hay problemas en el trabajo, estas bien, no importa con quien.
Es lo que mi cerebro le dice a mi corazón para calmarlo, ya lo conoces, esta un poco loco.
Media noche, es la única hora, el único momento en el día, de vez en cuando que pienso en ti.
Te levantaras temprano, cinco y algo. Amas tu trabajo, no llegas tarde.
Recuerdo muy bien el día en que seleccionaste personal, me pediste nuestra sala de junta para hablar con ellos. Al final les dijiste: "Eso es todo, los espero mañana a las nueve en punto. Las 9:01 no son las nueve. Puntuales."
En ese momento me derretí. Tu voz, esa voz tan sensual, tan varonil, segura. Esa voz que invade cada poro de mi piel, que abre camino hasta llenar a mi corazón, que lo vibra, que lo mueve, que lo enamora.
Esa voz, esa voz que lo enamora.
Esperaste que todos salieran de la habitación, entraste a la oficina, como siempre sin tocar. Te inclinaste sobre el escritorio y con un ligero toque sobre la madera me obligaste a mirarte.
Gracias. Fueron las únicas palabras mientras me mirabas. Tu mirada... serena, penetrante. Dos segundos a lo mas mi mirada sostuvo la tuya. Haciendo uso de toda mi capacidad para contenerme, solo logre asentir con la cabeza. Evitando que algun músculo de mi rostro reflejará algún sentimiento.
Entonces, esa sonrisa pícara que se esconde en el lado derecho de tus labios. Y el brillo en tu mirada que me dice: se lo que estas sintiendo. Y entonces, sin poder evitarlo, el rubor en mis mejillas que me delata.
Vuelvo a mis labores. Y se queda tu esencia, que invade la habitación. Tu olor. Lo cual es imposible, por que tu no usas perfume. Pero puedo olerte. Podría decir que veo tu fragancia jugando con mi cabello, tratando de seducir mis labios, tocando mi humedad.
Pero eso es pasado. Es el pasado. Ya te deje ir. No eres para mi. Es imposible. Lo es...