Un par de manos sin nombre,
whisky con hielo
y el puto machaqueo
de la canción del verano:
"Pasito a pasito, suave suavecito..."
Nada extraordinario-querido-
hasta que me quedé vacía
y alguien susurró en mi oído:
Entre tu hambre y mi sed
no hay lugar para la duda.
Podías haber sido tú...
Rosario Martín