MEDITERRÁNEA
(Canto de armonía y libertad)
Destilando madrugadas de azabache
los caballos zahínos se hacen lumbre
repostando sus ardores en alumbres
y sellando los tambores con un parche.
Noche de estrellas dispersas
mis manos no alcanzan a uniros
apenas desde montañas tersas
me incorporo y trato de seguiros.
Blanda la asíntota de nubes y equinoccio
sigue el marinero su rumbo equivocado
arría la alegre vela y se dedica al ocio
mientras cristalinas sirenas cantan a su lado.
Caos el mar pero sonoro en su letargo azul
blancas y violentas gaviotas lo transitan
en recorridos inefables rasgando el suave tul
dejando en piel desnuda las doncellas que lo habitan.
Griegos de vocación homérica y antigua
ofrecen ánforas tocando la siringa mientras bailan
los pinares umbrosos reivindican esa ambigua
presencia de espejos que al reflejo enfrailan.
Fragmentados los espejos
por las olas humilladas
ya vuelan sus reflejos
hacia nubes alocadas...
Se hace eco la canción
y dormita entre los pinos
ojos de lumbre y amor
ojos de sabor marino...
(Movientes los colores en suntuosa cadencia
aspiran al cuadro y a la canción que los sublime.
Músicos y pintores en singular presencia
-surreal y eterna- trascenderán la ley que los oprime.)
Ilust.: Henri Matisse. "La alegría de vivir" 1905
(Canto de armonía y libertad)
Destilando madrugadas de azabache
los caballos zahínos se hacen lumbre
repostando sus ardores en alumbres
y sellando los tambores con un parche.
Noche de estrellas dispersas
mis manos no alcanzan a uniros
apenas desde montañas tersas
me incorporo y trato de seguiros.
Blanda la asíntota de nubes y equinoccio
sigue el marinero su rumbo equivocado
arría la alegre vela y se dedica al ocio
mientras cristalinas sirenas cantan a su lado.
Caos el mar pero sonoro en su letargo azul
blancas y violentas gaviotas lo transitan
en recorridos inefables rasgando el suave tul
dejando en piel desnuda las doncellas que lo habitan.
Griegos de vocación homérica y antigua
ofrecen ánforas tocando la siringa mientras bailan
los pinares umbrosos reivindican esa ambigua
presencia de espejos que al reflejo enfrailan.
Fragmentados los espejos
por las olas humilladas
ya vuelan sus reflejos
hacia nubes alocadas...
Se hace eco la canción
y dormita entre los pinos
ojos de lumbre y amor
ojos de sabor marino...
(Movientes los colores en suntuosa cadencia
aspiran al cuadro y a la canción que los sublime.
Músicos y pintores en singular presencia
-surreal y eterna- trascenderán la ley que los oprime.)
Ilust.: Henri Matisse. "La alegría de vivir" 1905