Spasst
Poeta asiduo al portal
Vidrios en la vereda empañados,
escaparates de tintes mancillados.
Contenedores de despojos,
que un día fueron amores.
Piedras estratégicamente tramperas,
dormitando en este camino alquitranado,
oscureciendo en la penumbra
el sueño roto de un ilusionista,
amedrentado de esta hipnosis,
creyendo reencontrar una tierra que,
escupida, añora volver a besar.
Aunque hasta el más imbécil sabe
que la gente cambia sexo por cariño*,
el amor es un paraguas para dos*.
Tiembla el pulso la vergüenza,
se muestra la realidad,
como rostro de muchas caras* que besar.
Oscuro complejo de inferioridad,
que no permite retener el placer,
atisbado en este futuro de ayer,
en tablas plantando sin felicidad.
No espera la amapola,
en su esporádico renacer,
libre de albedrío su herencia,
marchita de una vida sola.
Qué fácil resulta entre versos,
en vida solo cabe el enojo,
de una apariencia sana,
camuflado en este entorno,
arredrado ausente de desdén.
escaparates de tintes mancillados.
Contenedores de despojos,
que un día fueron amores.
Piedras estratégicamente tramperas,
dormitando en este camino alquitranado,
oscureciendo en la penumbra
el sueño roto de un ilusionista,
amedrentado de esta hipnosis,
creyendo reencontrar una tierra que,
escupida, añora volver a besar.
Aunque hasta el más imbécil sabe
que la gente cambia sexo por cariño*,
el amor es un paraguas para dos*.
Tiembla el pulso la vergüenza,
se muestra la realidad,
como rostro de muchas caras* que besar.
Oscuro complejo de inferioridad,
que no permite retener el placer,
atisbado en este futuro de ayer,
en tablas plantando sin felicidad.
No espera la amapola,
en su esporádico renacer,
libre de albedrío su herencia,
marchita de una vida sola.
Qué fácil resulta entre versos,
en vida solo cabe el enojo,
de una apariencia sana,
camuflado en este entorno,
arredrado ausente de desdén.
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