Mateo García Victoria
Poeta recién llegado
Las palabras se agolpan en la puerta de tus labios…
Nadie dice nada, el silencio es lo que siempre fuimos…
Y en eso yazco, cuando en otra ocasión más te escribo…
A veces necesito hundirme para recordar esas raíces,
dejar de sentir el frío del olvido y abrazar la lumbre.
Por eso a veces te recuerdo y te escribo en párrafos;
te beso con el bolígrafo, tú me haces el amor,
yo te folio; en mi mente reviven coloridas y fuertes
todas aquellas amapolas que te siguieron fugaces.
Voy a pintarte primaveras y carnavales con palabras,
hasta hacer festivales que acaricien tus sienes y
celebren bailando en cada rincón de nuestras almas.
Voy a desnudarte de miedos, condenas y atropellos,
voy a desvestirme de cárceles, candados y secretos.
Voy a hacerte poesía hasta morir ahogado por versos,
tus lágrimas, acuarelas que pinten mis ganas de volar;
pues si no es a tu lado, morir no podrá significar descansar.
Y quiero cada suspiro errante del viento que avive tu cabello
y atrapar el instante en el que tu flequillo tan sincero
se escape hacia tus mejillas y contonee tus labios tan bellos.
Estoy liberando al preso que aceptó los barrotes como destino,
estoy haciendo salir a jugar bajo la lluvia y sin relojes
a aquel niño que bajo nuestras decepciones escondimos al resto;
estoy haciéndome pieza por pieza, recomponiéndome a fuego lento.
Te abrazo, me abraso y en cenizas recorro el aire hasta tus pulmones,
me respiras, me inscribo en tus retinas como la llama cálida y tenue
que te llama y hace palpitar las yemas de tus dedos nocturnos y boreales.
Eres todo lo que quiero ser, porque sólo necesito quererte para poder ser…
Vamos a romper el tiempo con tu cuello melifluo,
vamos a desenlazar las cadenas y los imposibles;
vamos a conquistar el mador que hay entre nuestras bocas,
vamos a retumbar en los lampos, rociar de color los campos.
Solos ante el infinito, tan sólo, el papel y yo…
Por eso a veces te recuerdo y te escribo en párrafos;
te beso con el bolígrafo, tú me haces el amor,
las palabras se agolpan en la puerta de tus labios…
Nadie dice nada, el silencio es lo que siempre fuimos…
Y en eso yazco, cuando en otra ocasión más te escribo…
Yo te folio; en mi mente revives colorida y fuerte,
conquistando el mador que hay entre nuestras bocas,
retumbando en los lampos, en tu cuello melifluo.
Voy a hacerte poesía hasta morir ahogado por versos,
tus lágrimas, acuarelas que pinten mis ganas de volar;
pues si no es a tu lado, morir no podrá significar descansar.