***QueeN Ginevra***
Poeta adicto al portal
Melodía de violín
Lentamente el temor ha dejado mi voz,
se ha alejado sin yo darme de ello cuenta;
y el silencio me abandonó ante tus ojos,
valla confianza, mi violín al viento canta.
Lentamente el viento acarició mis cabellos,
y sentada ante las llamas de tu pensar
me dejé llevar por tantos recuerdos bellos
narrados entre los versos de este cantar.
Corre mi alma por la linde del silencio,
mis ojos son dos mantos que dan dos ríos;
y sin embargo estoy contigo, mi suplicio,
sigo extrañando tu pálida piel y rojos labios.
Cuanto tiempo ha pasado o he perdido,
que no importan los colores o los caminos,
que no importa si he amado o si he odiado;
que no importa nada más que tus ojos divinos.
Palabras son el eco del sonido de tu recuerdo,
suspiros que respiro cada noche cuando me acuesto,
miro entre mi mundo aquel fantasma abriendo
cada uno de los miedos por que despierto.
Vibra en mí mente la canción de aquel violín,
los versos cortos y rejegos a volverse a repetir.
Mi mente se desilusiona y busca siempre un fin
pero encuentro tu mirada y me vuelvo a arrepentir.
Escucho esas cuerdas de aluminio rozadas por el arco;
y en las nubes de mis sueños lo sigo hasta ese llano,
y entre tanta melancolía no se si has regresado
y sigo esperando que aparezcas para regalarte un te amo.
Tus labios rojos son letales fresas envenenadas,
son los vitrales de la ecléctica catedral para mi,
son los cristales benditos que sueño con besar;
y el coro de los ángeles son tus besos fríos de metal.
Sigue, ángel de mi oscuridad hostil tocando;
sigue con esa melodía de noble canto;
sigue ángel de los ángeles tan inmaculado;
que mientras el sonido siga puedo seguirte soñando.
Lentamente el temor ha dejado mi voz,
se ha alejado sin yo darme de ello cuenta;
y el silencio me abandonó ante tus ojos,
valla confianza, mi violín al viento canta.
Lentamente el viento acarició mis cabellos,
y sentada ante las llamas de tu pensar
me dejé llevar por tantos recuerdos bellos
narrados entre los versos de este cantar.
Corre mi alma por la linde del silencio,
mis ojos son dos mantos que dan dos ríos;
y sin embargo estoy contigo, mi suplicio,
sigo extrañando tu pálida piel y rojos labios.
Cuanto tiempo ha pasado o he perdido,
que no importan los colores o los caminos,
que no importa si he amado o si he odiado;
que no importa nada más que tus ojos divinos.
Palabras son el eco del sonido de tu recuerdo,
suspiros que respiro cada noche cuando me acuesto,
miro entre mi mundo aquel fantasma abriendo
cada uno de los miedos por que despierto.
Vibra en mí mente la canción de aquel violín,
los versos cortos y rejegos a volverse a repetir.
Mi mente se desilusiona y busca siempre un fin
pero encuentro tu mirada y me vuelvo a arrepentir.
Escucho esas cuerdas de aluminio rozadas por el arco;
y en las nubes de mis sueños lo sigo hasta ese llano,
y entre tanta melancolía no se si has regresado
y sigo esperando que aparezcas para regalarte un te amo.
Tus labios rojos son letales fresas envenenadas,
son los vitrales de la ecléctica catedral para mi,
son los cristales benditos que sueño con besar;
y el coro de los ángeles son tus besos fríos de metal.
Sigue, ángel de mi oscuridad hostil tocando;
sigue con esa melodía de noble canto;
sigue ángel de los ángeles tan inmaculado;
que mientras el sonido siga puedo seguirte soñando.