Mª Amparo Garrigós Cerdán
Poeta recién llegado
Me fascina la palabra melodía. Tres consonantes tendidas en la curva de cuatro vocales, sinuosamente, bailando una danza invisible en el aire de la voz. Melodía, emergiendo de la garganta, acariciando las cuerdas vocales a golpe de viento, culebreando entre la lengua y los dientes, curvilínea y almibarada, muy dulce, hasta llenar los labios de miel antes de saltar al vacío y precipitarse al oído que la cobija con devoción. Melodía, amazona diestra en su fluir salvaje y primitivo, en su esencia es otra cosa: es sonido que evoca sonidos dispuestos magistralmente para provocar la emoción.
Melodía, o mariposa, quizá también plenilunio, girasol, caléndula, crepúsculo, libélula esplendor del idioma en cuyos signos, acaso estos entre otros, parece que se anudan la música de la forma y la hermosura del concepto. Melodía, corre por nuestros tímpanos ligera, como la mariposa que a la hora del crepúsculo salta de la caléndula al girasol preludiando el plenilunio y, como libélula de irisadas alas, se posa en nuestra conciencia evocando canciones y aires y sones que se desbordan vibrando alma adentro.
Melodía y también melancolía, tan similares en su belleza exterior y, sorprendentemente, tan afines en la esfera de lo sensible: no soy capaz de concebir la melancolía sin la suave caricia de una melodía compartida y cercana, que con sus notas entrañables y su tenue armonía, mitigue las horas bajas de los corazones insomnes, como el mío.
Melodía, o mariposa, quizá también plenilunio, girasol, caléndula, crepúsculo, libélula esplendor del idioma en cuyos signos, acaso estos entre otros, parece que se anudan la música de la forma y la hermosura del concepto. Melodía, corre por nuestros tímpanos ligera, como la mariposa que a la hora del crepúsculo salta de la caléndula al girasol preludiando el plenilunio y, como libélula de irisadas alas, se posa en nuestra conciencia evocando canciones y aires y sones que se desbordan vibrando alma adentro.
Melodía y también melancolía, tan similares en su belleza exterior y, sorprendentemente, tan afines en la esfera de lo sensible: no soy capaz de concebir la melancolía sin la suave caricia de una melodía compartida y cercana, que con sus notas entrañables y su tenue armonía, mitigue las horas bajas de los corazones insomnes, como el mío.