Aída Doreen
Poeta recién llegado
Qué notas más endulzantes y más esplendorosas...
Suavemente bailan sobre un mustio murmullo.
El frío envoltorio de la agonía les hace lucir algo simple, pero esque hasta en el silencio resuenan mis oídos a su canto.
Quieren perderse entre el rocío de una mañana, que no es mas que su propia alba enardecida.
¿Cómo poder ser una hoja corriendo en el cauce de un arroyo insulso, si son cresta de la ola más fastuosa que se teje cristalina donde clama el Sol un rincón sobre su espuma?
Qué notas, qué tarde esta que me acompaña. Soledad que me brinda su hombro y recoje de mi ser las más grandes tristezas.
Café ardiendo en un negro profundo y ausente de brillantez, mis manos lánguidas se tornan, y a lo lejos una voz familiar, casi imperceptible.
Una brisa serena calla al día y se lleva consigo lo único que hasta ahora me alegraba: las notas de una bella melodía y el aroma de un café, los dos se han ido.
Suavemente bailan sobre un mustio murmullo.
El frío envoltorio de la agonía les hace lucir algo simple, pero esque hasta en el silencio resuenan mis oídos a su canto.
Quieren perderse entre el rocío de una mañana, que no es mas que su propia alba enardecida.
¿Cómo poder ser una hoja corriendo en el cauce de un arroyo insulso, si son cresta de la ola más fastuosa que se teje cristalina donde clama el Sol un rincón sobre su espuma?
Qué notas, qué tarde esta que me acompaña. Soledad que me brinda su hombro y recoje de mi ser las más grandes tristezas.
Café ardiendo en un negro profundo y ausente de brillantez, mis manos lánguidas se tornan, y a lo lejos una voz familiar, casi imperceptible.
Una brisa serena calla al día y se lleva consigo lo único que hasta ahora me alegraba: las notas de una bella melodía y el aroma de un café, los dos se han ido.