ARIEL TORRE Y MOLINO
Poeta que no puede vivir sin el portal
Di tres golpes en el gran portón metálico.
Esa era la contraseña intuí espontáneamente...
"Dentro, encontré una habitación alfombrada en rojo,
una esfera de metal cromado
aparecía desde el suelo
marcando el centro exacto de la habitación;
al fondo, no había pared, si no que un espejo
donde de entrada me vi reflejado,
mientras que las paredes izquierda y derecha
se adornaban con animales disecados.
Me llamo la atención, la piel de un tigre albino
que cruzaba casi la mitad de la pared derecha..."
Para salir de allí, nunca supe como,
les confesare que esto ocurrió durante una sacudida hipnogógica.
Esa era la contraseña intuí espontáneamente...
"Dentro, encontré una habitación alfombrada en rojo,
una esfera de metal cromado
aparecía desde el suelo
marcando el centro exacto de la habitación;
al fondo, no había pared, si no que un espejo
donde de entrada me vi reflejado,
mientras que las paredes izquierda y derecha
se adornaban con animales disecados.
Me llamo la atención, la piel de un tigre albino
que cruzaba casi la mitad de la pared derecha..."
Para salir de allí, nunca supe como,
les confesare que esto ocurrió durante una sacudida hipnogógica.
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