Sommbras
Poeta adicto al portal
.
En aquella misma calle,
tú conoces la ciudad,
fui a buscar otro calendario.
La cafetería ya no estaba.
En los vidrios ahumados
del escaparate de la tienda de golosinas,
donde ahora dulcean los Samsums,
el reflejo solo de mi figura.
Cruzo los rumoreos de las calles
doblo las esquinas-olas,
no te encuentro
todo es muy borroso,
se abren más los ojos,
los oídos se abren,
huyo del figurín oscuro que me sigue,
asordado por mi memoria sigo,
voy dejando huecos de aire oscuro
en mis pisadas,
maldito este viento destetado,
te persigo y me huyes,
se abren fechas cartas
se reabren esperanzas,
la herida se abre,
nuevos edificios se levantan,
balaustradas y terrazas,
quizá las avenidas son más anchas,
serpentina de saliva, divina corza,
que atrapé y desprendí
quemada de mi feble boca humante y al rojo,
veinte años atrás,
motas entre mis dedos, aún, tú, mi soberana.
Esta calle desemboca en el mar.
Ahora, el mar la memoria ensancha.
El mar siempre en la hora de nadie.
Playas del alba, disimulo mi tristeza.
Atrás la montaña y la nieve.
Atrás los cuerpos escurridizos de algas.
Atrás quieto en lo presente.
Diciembre sigue sin verano.
Memoria y nieve son blancas.
Blancor que me recuerda su boca
diciéndome amor.
Sólo debajo de esa palabra
se puede vivir.
Alguien, otro yo,
suspira, traga un basta,
y el basta que no llega,
que no llega...
...
..
.
Jesús Soriano
.
En aquella misma calle,
tú conoces la ciudad,
fui a buscar otro calendario.
La cafetería ya no estaba.
En los vidrios ahumados
del escaparate de la tienda de golosinas,
donde ahora dulcean los Samsums,
el reflejo solo de mi figura.
Cruzo los rumoreos de las calles
doblo las esquinas-olas,
no te encuentro
todo es muy borroso,
se abren más los ojos,
los oídos se abren,
huyo del figurín oscuro que me sigue,
asordado por mi memoria sigo,
voy dejando huecos de aire oscuro
en mis pisadas,
maldito este viento destetado,
te persigo y me huyes,
se abren fechas cartas
se reabren esperanzas,
la herida se abre,
nuevos edificios se levantan,
balaustradas y terrazas,
quizá las avenidas son más anchas,
serpentina de saliva, divina corza,
que atrapé y desprendí
quemada de mi feble boca humante y al rojo,
veinte años atrás,
motas entre mis dedos, aún, tú, mi soberana.
Esta calle desemboca en el mar.
Ahora, el mar la memoria ensancha.
El mar siempre en la hora de nadie.
Playas del alba, disimulo mi tristeza.
Atrás la montaña y la nieve.
Atrás los cuerpos escurridizos de algas.
Atrás quieto en lo presente.
Diciembre sigue sin verano.
Memoria y nieve son blancas.
Blancor que me recuerda su boca
diciéndome amor.
Sólo debajo de esa palabra
se puede vivir.
Alguien, otro yo,
suspira, traga un basta,
y el basta que no llega,
que no llega...
...
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.
Jesús Soriano
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