Khar Asbeel
Poeta fiel al portal
Hace mucho que estoy frio.
No siento nada.
La luz se fue.
El sol murió sobre mi hombro.
Cúmulos de sombras rectangulares
anegan mi soledad aletargada.
Mucho silencio.
Muchas palabras empolvadas.
Manos muertas sobre ojos marchitos.
¡Que placer el estar muerto!
En este mutismo sacro
lleno de libros y paginas
yo también soy un libro
que nadie lee ni recuerda.
Por eso estoy aquí,
en este solemne cementerio,
ajeno al mundo y las estrellas,
muriendo, siempre muriendo
pero nunca terminando de morir;
el pobre loco rodeado de libros
no puede darse ese placer,
hay mucho que leer y recitar,
muchas voces mudas que escuchar
y solo el recuerdo, tan lejano,
de una luz con piel y nombre.
¿Qué nombre era?
Ya no lo recuerdo,
pues hace mucho que estoy frio
y no siento nada,
más que la sorda ansia
de una memoria querida
que se escapa.
No siento nada.
La luz se fue.
El sol murió sobre mi hombro.
Cúmulos de sombras rectangulares
anegan mi soledad aletargada.
Mucho silencio.
Muchas palabras empolvadas.
Manos muertas sobre ojos marchitos.
¡Que placer el estar muerto!
En este mutismo sacro
lleno de libros y paginas
yo también soy un libro
que nadie lee ni recuerda.
Por eso estoy aquí,
en este solemne cementerio,
ajeno al mundo y las estrellas,
muriendo, siempre muriendo
pero nunca terminando de morir;
el pobre loco rodeado de libros
no puede darse ese placer,
hay mucho que leer y recitar,
muchas voces mudas que escuchar
y solo el recuerdo, tan lejano,
de una luz con piel y nombre.
¿Qué nombre era?
Ya no lo recuerdo,
pues hace mucho que estoy frio
y no siento nada,
más que la sorda ansia
de una memoria querida
que se escapa.