Lissethe Ruemar
Poeta recién llegado
Sentado en la silla del antiguo parque,
Extendía sus manos, cada día se empobrecía
Su cuerpo como un desierto, su alma de duque
Y abatido por el hambre su corazón endurecía.
Pasan de largo, no ven su desgracia,
Su indeseable tormento, sus llagas, su dolor,
Sus días le son contados ya nadie le aprecia,
Ha perdido su apariencia, su figura, su color.
Y carcome sus huesos el molesto cáncer,
¡Solloza! ¡Quiero morir, dejar de existir!,
Y no seguir con este mal, ya no quiero padecer,
Ya no puedo mas no quiero sufrir.
El muere de hambre no le quedan amigos,
Nadie hay quien lo levante de donde ha caído
Ya no será una carga, ni para el un castigo,
Y al menos en sepulcros de príncipes será sepultado.
Extendía sus manos, cada día se empobrecía
Su cuerpo como un desierto, su alma de duque
Y abatido por el hambre su corazón endurecía.
Pasan de largo, no ven su desgracia,
Su indeseable tormento, sus llagas, su dolor,
Sus días le son contados ya nadie le aprecia,
Ha perdido su apariencia, su figura, su color.
Y carcome sus huesos el molesto cáncer,
¡Solloza! ¡Quiero morir, dejar de existir!,
Y no seguir con este mal, ya no quiero padecer,
Ya no puedo mas no quiero sufrir.
El muere de hambre no le quedan amigos,
Nadie hay quien lo levante de donde ha caído
Ya no será una carga, ni para el un castigo,
Y al menos en sepulcros de príncipes será sepultado.