Marcelo Pavón Suárez
Vasto
Dije que dejaría de escribir por un tiempo,
lo dije anoche
cuando los astros no oían
ni un centavo cayendo por la alcancía del mar,
pero mentí…
Con vos resolviendo mis tristezas
resulta imposible,
con vos amándome
no hay lugar donde arrojar la toalla.
¿Cómo explicar
tus ocasiones en mí,
tus inversiones sonrientes en mí?
Estamos yuxtapuestos a toda hora
como una escopeta que apunta
hacia la misma cardinalidad,
cuando me quedo sin fuego
te arranco los infiernos pasados
y los míos quedan reducidos a cenizas.
No fui hasta que decidiste sentarte
a ver pasar la vida
en la esquina del beso nuestro.
Y todavía hay días
en los que siento que no puedo ser,
rojo corazón de deudas pendientes
que no quise pagar hasta conocerte
Dije que dejaría de escribir
pero mentí,
vos hacés que mienta
cuando reúno el valor de rendirme,
vos con rosadas desesperaciones
alrededor de las pupilas
llorando mis destrozos inevitables,
lo impedís,
cuerpo pequeño, infierno grande
que te infunde chispazos
salpicados en mi piel
cuando arremetés
contra mi cuerpo en penumbras.
Qué más agregar
si me explotás los orgasmos
en la boca
y aún sigo vivo.
Siempre sos “aquí”
cuando todos deciden ser “allá”.
lo dije anoche
cuando los astros no oían
ni un centavo cayendo por la alcancía del mar,
pero mentí…
Con vos resolviendo mis tristezas
resulta imposible,
con vos amándome
no hay lugar donde arrojar la toalla.
¿Cómo explicar
tus ocasiones en mí,
tus inversiones sonrientes en mí?
Estamos yuxtapuestos a toda hora
como una escopeta que apunta
hacia la misma cardinalidad,
cuando me quedo sin fuego
te arranco los infiernos pasados
y los míos quedan reducidos a cenizas.
No fui hasta que decidiste sentarte
a ver pasar la vida
en la esquina del beso nuestro.
Y todavía hay días
en los que siento que no puedo ser,
rojo corazón de deudas pendientes
que no quise pagar hasta conocerte
Dije que dejaría de escribir
pero mentí,
vos hacés que mienta
cuando reúno el valor de rendirme,
vos con rosadas desesperaciones
alrededor de las pupilas
llorando mis destrozos inevitables,
lo impedís,
cuerpo pequeño, infierno grande
que te infunde chispazos
salpicados en mi piel
cuando arremetés
contra mi cuerpo en penumbras.
Qué más agregar
si me explotás los orgasmos
en la boca
y aún sigo vivo.
Siempre sos “aquí”
cuando todos deciden ser “allá”.
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