donalph
Poeta recién llegado
El recorrido por la canícula
prende el ahora, bien evaporado,
sacude el polvo
y marcha por la cuesta de la vida
a duras penas, pero manicrece
y es la roca profunda
la que muele haciendo pucheros,
la cara de viaja al principado
de las rotaciones,
estando aquí,
avanzando en el púlpito continuo
a la salida de envejecer,
consterna sí, con tanto que colocar
sobre un costal de estética
a esta futura pequeña
por sobre lejanías diversas,
donde la rueda del deloj
cambia a cada figura.
Ayer, escuché la bulla tumbándose
a la olisqueada-parca-justicia,
un escalofrío de alambre tenso
me recorrió como nota musical,
parada al sonido más piano,
menos superficie. Aludo hoy
a esa audacia del acuesto príncipe,
trono de legañas.
Sirvo para la canícula
de la cama arremangada
de sopor excitante,
puesto a caminar
y a sobrar a las justas
para la rendija,
acostumbrado al mórbido piojo-pupílico
que a la toma-pura-de adentros,
ave a los ratones, quitamanchas,
entrevera la túnica
al peso de su fama.
El récord huye de esa tómbola,
agujero de capricho
por el hundido bar de una desgracia,
pero vívido de tardes
en tórtolas estas sierras bajas.
Agitan aún su gelatina
con aunque, pasándola
se olvidan, varan
el tenor, lo giran
a búsqueda suelta,
tal caricatura de azulejos
como se quitan a veces
las partes íntimas
para liberarse de los sesgos.
prende el ahora, bien evaporado,
sacude el polvo
y marcha por la cuesta de la vida
a duras penas, pero manicrece
y es la roca profunda
la que muele haciendo pucheros,
la cara de viaja al principado
de las rotaciones,
estando aquí,
avanzando en el púlpito continuo
a la salida de envejecer,
consterna sí, con tanto que colocar
sobre un costal de estética
a esta futura pequeña
por sobre lejanías diversas,
donde la rueda del deloj
cambia a cada figura.
Ayer, escuché la bulla tumbándose
a la olisqueada-parca-justicia,
un escalofrío de alambre tenso
me recorrió como nota musical,
parada al sonido más piano,
menos superficie. Aludo hoy
a esa audacia del acuesto príncipe,
trono de legañas.
Sirvo para la canícula
de la cama arremangada
de sopor excitante,
puesto a caminar
y a sobrar a las justas
para la rendija,
acostumbrado al mórbido piojo-pupílico
que a la toma-pura-de adentros,
ave a los ratones, quitamanchas,
entrevera la túnica
al peso de su fama.
El récord huye de esa tómbola,
agujero de capricho
por el hundido bar de una desgracia,
pero vívido de tardes
en tórtolas estas sierras bajas.
Agitan aún su gelatina
con aunque, pasándola
se olvidan, varan
el tenor, lo giran
a búsqueda suelta,
tal caricatura de azulejos
como se quitan a veces
las partes íntimas
para liberarse de los sesgos.