Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
De entrada, un alma suave,
como una ensalada fresca,
hojas tiernas de esperanza
adornadas con sonrisas sinceras.
El primer plato llega a la mesa,
con la fuerza de su espíritu,
un estofado de luchas y sueños,
cocido a fuego lento,
cada trozo un desafío,
pero también un triunfo ganado.
Para acompañar, el aroma del saber,
como pan recién horneado,
compartido entre quienes la rodean,
sabiduría que alimenta,
calienta el corazón y la mente.
El plato principal es su corazón,
carne tierna de amor incondicional,
sazonada con paciencia,
cocinada con lágrimas y risas,
fuerza que nutre,
como un banquete que nunca se agota.
Y de postre, la dulzura de su esencia,
un pastel de valentía y ternura,
cada bocado, un recordatorio
de su capacidad para sanar,
para levantarse una y otra vez,
para brillar en medio de la tormenta.
Así es ella, servida en cada plato,
una cena completa,
un banquete digno de admirar,
porque en cada parte de sí misma
hay vida, entrega y dignidad.
como una ensalada fresca,
hojas tiernas de esperanza
adornadas con sonrisas sinceras.
El primer plato llega a la mesa,
con la fuerza de su espíritu,
un estofado de luchas y sueños,
cocido a fuego lento,
cada trozo un desafío,
pero también un triunfo ganado.
Para acompañar, el aroma del saber,
como pan recién horneado,
compartido entre quienes la rodean,
sabiduría que alimenta,
calienta el corazón y la mente.
El plato principal es su corazón,
carne tierna de amor incondicional,
sazonada con paciencia,
cocinada con lágrimas y risas,
fuerza que nutre,
como un banquete que nunca se agota.
Y de postre, la dulzura de su esencia,
un pastel de valentía y ternura,
cada bocado, un recordatorio
de su capacidad para sanar,
para levantarse una y otra vez,
para brillar en medio de la tormenta.
Así es ella, servida en cada plato,
una cena completa,
un banquete digno de admirar,
porque en cada parte de sí misma
hay vida, entrega y dignidad.