El Poeta del Asfalto
Poeta adicto al portal
Mayorías crueles,
minorías beligerantes.
Hay de todo
menos independencia.
Dedos callosos revisan entre los pétalos.
Se busca calidad y precio,
beneficios potenciales
rápido y
sin pensar en nadie.
Arrancadas del campo.
Muertas, o casi
muertas de frío con su vestido corto transparente
mojadas si llueve
arrumbadas
machucadas
vendidas en la calzada
de madrugada
o dentro de locales bastante sucios y oscuros.
No hay tiempo de ser amable ni de limpiar, ¿sabe?
(¿y para qué piensa el negocio?)
Los billetes se muestran y se arrancan casi de las manos.
Acuerdos al regateo.
Acuerdos ajenos,
inconsultos.
Flores demasiado jovenes, trasvasadas
cumplirán su función de alegrar o adornar
o de anda a saber qué y luego serán sin tanto cuidado descartadas.
Y esto
lo sabe la ley
porque el juez, entre dictámen y dictámen,
también viene a comprar por aquí.
Y esto seguirá sucediendo en la esquina de nuestras ciudades
hasta que nos eduquemos en no confundir valor con precio.
Hasta que le demos voz a un poder que hable nuesto idioma.
Y no hablo de palabras.
minorías beligerantes.
Hay de todo
menos independencia.
Dedos callosos revisan entre los pétalos.
Se busca calidad y precio,
beneficios potenciales
rápido y
sin pensar en nadie.
Arrancadas del campo.
Muertas, o casi
muertas de frío con su vestido corto transparente
mojadas si llueve
arrumbadas
machucadas
vendidas en la calzada
de madrugada
o dentro de locales bastante sucios y oscuros.
No hay tiempo de ser amable ni de limpiar, ¿sabe?
(¿y para qué piensa el negocio?)
Los billetes se muestran y se arrancan casi de las manos.
Acuerdos al regateo.
Acuerdos ajenos,
inconsultos.
Flores demasiado jovenes, trasvasadas
cumplirán su función de alegrar o adornar
o de anda a saber qué y luego serán sin tanto cuidado descartadas.
Y esto
lo sabe la ley
porque el juez, entre dictámen y dictámen,
también viene a comprar por aquí.
Y esto seguirá sucediendo en la esquina de nuestras ciudades
hasta que nos eduquemos en no confundir valor con precio.
Hasta que le demos voz a un poder que hable nuesto idioma.
Y no hablo de palabras.