Starsev Ionich
Poeta asiduo al portal
Mercury Comet
El viejo motor ruje,
la caja esmaltada de cambios cruje.
El hombre pita furibundo porque su mujer lo espera.
Siente pavor,
por ese olor infantil a champú de manzanilla,
que podría dejar rastros en la tapicería.
A la par, los niños descalzos hacen figuras,
en la neblina que empaña los vidrios
del batimovil de apartamentos sincréticos
Ya han peleado,
mientras el grande reía del sufrimiento
del más chico.
Luego
inevitablemente un lazo de cromosomas
los ha indultado en un abrazo hermanable,
melancólico,
y ha agazapado la sonrisa picara de Alexander.
Lloraron juntos, hermanito perdóname,
- Se decían el uno al otro -, gimoteando tiernamente
Las marcas en sus mejillas
recuerdan el desparpajo de la infancia,
tan pura, tan sucia, tan llena de mierda y mocos
Su padre los mira con ternura,
Llorando riendo, como suele hacerlo,
y no puede creer que su enfermo lolismo
lo haya llevado a tanto,
a tanto,
a tanto a costa del sufrimiento
de dos mujeres que podrían ser madre e hija,
a tanto tan lindo
dos gemelos con cinco minutos de diferencia
incomprensiblemente odiados
por su abuelita a los ojos de Dios.
El viejo motor ruje,
la caja esmaltada de cambios cruje.
El hombre pita furibundo porque su mujer lo espera.
Siente pavor,
por ese olor infantil a champú de manzanilla,
que podría dejar rastros en la tapicería.
A la par, los niños descalzos hacen figuras,
en la neblina que empaña los vidrios
del batimovil de apartamentos sincréticos
Ya han peleado,
mientras el grande reía del sufrimiento
del más chico.
Luego
inevitablemente un lazo de cromosomas
los ha indultado en un abrazo hermanable,
melancólico,
y ha agazapado la sonrisa picara de Alexander.
Lloraron juntos, hermanito perdóname,
- Se decían el uno al otro -, gimoteando tiernamente
Las marcas en sus mejillas
recuerdan el desparpajo de la infancia,
tan pura, tan sucia, tan llena de mierda y mocos
Su padre los mira con ternura,
Llorando riendo, como suele hacerlo,
y no puede creer que su enfermo lolismo
lo haya llevado a tanto,
a tanto,
a tanto a costa del sufrimiento
de dos mujeres que podrían ser madre e hija,
a tanto tan lindo
dos gemelos con cinco minutos de diferencia
incomprensiblemente odiados
por su abuelita a los ojos de Dios.