Madam Dámira Zapied
Poeta recién llegado
La sombra transita ansiosa
por entre el negror del hado,
mientras encuentra una fosa
semienterrada entre un maltrecho prado.
Aquí se limita cubierto,
un vivo más que nadie nombra,
otra ánima más que se cree muerto,
un ingenuo que se acuesta entre la sombra.
Duerme forzado entre un anhelo;
un arrepentido que sueña el cielo,
no abre sus ojos, se apisona su velo
Se confina así mismo en su eterno flagelo.
Marchito entre el sol del silencio,
inmerso en una tumba tan penosa;
pudo ser rey pero ahora su fosa
no es mas que el lecho de otro recio
Burlona y maliciosa la ennegrecida,
mira espantada aquel sueño prometedor
suspira y se marcha tan agradecida
Por no ser tan ciega como aquel perdedor
por entre el negror del hado,
mientras encuentra una fosa
semienterrada entre un maltrecho prado.
Aquí se limita cubierto,
un vivo más que nadie nombra,
otra ánima más que se cree muerto,
un ingenuo que se acuesta entre la sombra.
Duerme forzado entre un anhelo;
un arrepentido que sueña el cielo,
no abre sus ojos, se apisona su velo
Se confina así mismo en su eterno flagelo.
Marchito entre el sol del silencio,
inmerso en una tumba tan penosa;
pudo ser rey pero ahora su fosa
no es mas que el lecho de otro recio
Burlona y maliciosa la ennegrecida,
mira espantada aquel sueño prometedor
suspira y se marcha tan agradecida
Por no ser tan ciega como aquel perdedor