Metáfora
Los arboles al pasar del aire
intentan mantenerse firmes
sin consuelo rendirse
al caer de la noche triste.
Poco a poco las hojas se deslizan
se arranca toda aquella que guarda ilusión y luces
y solo quedan en las ramas las que el viento deja
cargadas de opresión y de rencores.
Quedan apagadas en el suelo
y poco a poco se marchitan
al amanecer y sin consuelo
triste y con angustia el árbol se hace trisas.
Diario amanecer. Vida hecha trisas.
El árbol lanza Dios un ruego:
la noche con sus olas no se ría
de mi imposibilidad de oponerme al viento.
Ganas de gritar si tengo
pero no logro hacerlo
ganas de gritar: si Dios es el que manda
tu imponente viento, no te burles de mis sueños
que mis hojas den sombra
apegadas a la rama de mi dueño.
Silencio y aflicción
la noche ya llega
que sobreviva estas horas
aunque la luna no se vea.
No hay destello que al alma de consuelo.
No hay luz que brille en este eterno invierno.
Mis fuerzas de derriten
ante el feroz que ya se acerca
no sé si resista otro instante de mi vida,
o si veré la luz que reconforta mi existencia.
Solo espero de pie y espirar
el último de mis alientos
sin nada que ofrecer, mis ramas,
mis sueños y mi misión desaparecen en mis ruegos
en estas horas que retumban sufrimiento.
La noche es eterna,
sin poder hablar,
sin poder moverme
y anclado a un suelo
que dicen no me pertenece
La lucha es dura
parece ser ya
hora de rendirme
Destella la ilusión,
el viento se detiene,
sólo me queda responder
firme a lo que viene.
Daniel Aguilar Durán.