Julius 1200
Poeta fiel al portal
Habremos estado lleno de buenas intenciones
pero seremos juzgados por los hechos consumados,
habremos repudiado a esos mercenarios y
jamás sabremos como perdonarlos,
porque habremos caído de pronto en la cuenta
de que nada sabemos de los Elefantes blancos,
tampoco nada de los elefantes negros,
absolutamente nada del actual desorden ni del caos,
absolutamente nada de los que fuimos y seremos.
Y cuando las imágenes se vuelvan insensatas,
tan huidizas, tan discontinuas, tan distantes
que nos dará pavor y pena invocarlas, habremos
perdido un tiempo precioso recuperando el paraíso
matinal de los pájaros y de las rosas y narcisos,
de la blanca cala procaz, de la disyuntiva amorosa
como el intrincado juego de ajedrez.
Pero habremos recuperado el nostálgico tiempo
perdido al desandar resueltos por el sendero arbolado
por la pujante extensión de los campos sembrados,
y a través de las heladas cumbres de vientos féricos,
porque de nuevo habremos caído en la cuenta que
a la hora de visitar a nuestros muertos,
que a la hora de consumir rondas insomnes,
que a la hora en que el mundo entra en su zénit,
con un cigarro apagado en mortecinos labios,
con un rosario prendido a dedos insensibles,
con el rostro espejado irreconocible en el baño,
luego del sueño marchito del que fuimos robados
( y aún con el afán del amor insatisfecho),
que seremos cien veces perdonados por aquel
que maneja e inclina la balanza del azar,
por aquel que intercede en nuestras pobres mediaciones,
por aquel guardián de nuestros treinta y cinco mi días
que vivimos y hemos soportado sin razones.
Por los treinta cinco mil días referidos a esta historia
que puede ser tuya, que puede ser otra, que puede ser mía.
Y luego de vivir despechos extremados insertados por
los dudosos héroes de barro que dieron la espalda a la
guerra fráticida y que luego de ser ignorados y luego
ser derrumbados, durante el aciago despertar
habremos exclamado:¡ Adónde están madres?
¡Adónde están hijos?
Y habremos salido del cruento suceso con un frase:
"Ya qué importa, el primer milagro es existir..."
El milagro es respirar el Universo concedido a la aventura.
El milagro es volvernos cabezas infantiles,
el milagro es escuchar las voces vocingleras en las plazas.
El milagro es contemplar el paso de las novias vírgenes
que serán amadas en suaves lechos nupciales...
Y habremos salido por fin del ingrato suceso hacia los
tenues vagidos de la luz, hacia la millones de vagidos
temporales...
Y habremos consumido de esos corazones duros,
obstinados negadores de la propia substancia, caricias,
desplantes, la más absurdas instancias de la tristeza triunfal
al más triste fracaso de cuando fuimos impiadosamente
vejados...
Porque nunca sabré cómo finalizar este poema,
porque el final de este poema ya no existe,
pero sí existe la veladura de la verdad y también existimos
inciertamente vos y yo.
Existimos los que nombramos lo innombrable,
existimos quienes gritamos regularmente los murmullos
esenciales de la cegadora violencia,
y existe nuestra Fe en Dios y en aquel milenario canon
de poner la otra mejilla.
En el milenario canon de aprender misericordia.
En el milenario canon de aprender del Crucificado:
Amos los unos a los otros... amos aunque el mundo
anide de trampas, amos aunque el mundo sea torpemente
desbastado, amaos, amos, amaos desde vuestras Almas....
pero seremos juzgados por los hechos consumados,
habremos repudiado a esos mercenarios y
jamás sabremos como perdonarlos,
porque habremos caído de pronto en la cuenta
de que nada sabemos de los Elefantes blancos,
tampoco nada de los elefantes negros,
absolutamente nada del actual desorden ni del caos,
absolutamente nada de los que fuimos y seremos.
Y cuando las imágenes se vuelvan insensatas,
tan huidizas, tan discontinuas, tan distantes
que nos dará pavor y pena invocarlas, habremos
perdido un tiempo precioso recuperando el paraíso
matinal de los pájaros y de las rosas y narcisos,
de la blanca cala procaz, de la disyuntiva amorosa
como el intrincado juego de ajedrez.
Pero habremos recuperado el nostálgico tiempo
perdido al desandar resueltos por el sendero arbolado
por la pujante extensión de los campos sembrados,
y a través de las heladas cumbres de vientos féricos,
porque de nuevo habremos caído en la cuenta que
a la hora de visitar a nuestros muertos,
que a la hora de consumir rondas insomnes,
que a la hora en que el mundo entra en su zénit,
con un cigarro apagado en mortecinos labios,
con un rosario prendido a dedos insensibles,
con el rostro espejado irreconocible en el baño,
luego del sueño marchito del que fuimos robados
( y aún con el afán del amor insatisfecho),
que seremos cien veces perdonados por aquel
que maneja e inclina la balanza del azar,
por aquel que intercede en nuestras pobres mediaciones,
por aquel guardián de nuestros treinta y cinco mi días
que vivimos y hemos soportado sin razones.
Por los treinta cinco mil días referidos a esta historia
que puede ser tuya, que puede ser otra, que puede ser mía.
Y luego de vivir despechos extremados insertados por
los dudosos héroes de barro que dieron la espalda a la
guerra fráticida y que luego de ser ignorados y luego
ser derrumbados, durante el aciago despertar
habremos exclamado:¡ Adónde están madres?
¡Adónde están hijos?
Y habremos salido del cruento suceso con un frase:
"Ya qué importa, el primer milagro es existir..."
El milagro es respirar el Universo concedido a la aventura.
El milagro es volvernos cabezas infantiles,
el milagro es escuchar las voces vocingleras en las plazas.
El milagro es contemplar el paso de las novias vírgenes
que serán amadas en suaves lechos nupciales...
Y habremos salido por fin del ingrato suceso hacia los
tenues vagidos de la luz, hacia la millones de vagidos
temporales...
Y habremos consumido de esos corazones duros,
obstinados negadores de la propia substancia, caricias,
desplantes, la más absurdas instancias de la tristeza triunfal
al más triste fracaso de cuando fuimos impiadosamente
vejados...
Porque nunca sabré cómo finalizar este poema,
porque el final de este poema ya no existe,
pero sí existe la veladura de la verdad y también existimos
inciertamente vos y yo.
Existimos los que nombramos lo innombrable,
existimos quienes gritamos regularmente los murmullos
esenciales de la cegadora violencia,
y existe nuestra Fe en Dios y en aquel milenario canon
de poner la otra mejilla.
En el milenario canon de aprender misericordia.
En el milenario canon de aprender del Crucificado:
Amos los unos a los otros... amos aunque el mundo
anide de trampas, amos aunque el mundo sea torpemente
desbastado, amaos, amos, amaos desde vuestras Almas....