Alessandro
Poeta recién llegado
Son oscuros cipreses
los que me rodean con creces;
mi alma llaman sin demandas
y yo se las entrego sin llamadas.
La sangre gotea de mi mano,
es sudor frío lo que palmo,
una silueta negra veo en el suelo,
es mi pierna que fue arrancada en el vuelo.
Poco a poco me desangro,
la vista se nubla lejos de mi agrado,
mis latidos de vida se frenan;
los muertos que llaman no esperan.
Gota a gota mi vida se acaba
en un manto de tierra dorada,
ya no siento dolor ni frío;
solo un líquido que forma un río.
Sombras sin rostro me llaman,
ellas que mi vida reclaman;
veo sueños que se van,
se van tan libres que no dudan.
Reclamo clemencia a mis pares,
pues ya no veo con claridades;
un nuevo mal me artificio;
pues en mi propia sangre me asfixio.
Sufro de más sin pensar
que todo esto va a acabar,
ya no puedo respirar;
y mi corazón deja ya de funcionar.
Una última puntada me aqueja;
aquella que dice que la vida nos deja,
una lágrima rueda por mi maltrecha apariencia;
mientras yo me despojo de mi triste existencia...
los que me rodean con creces;
mi alma llaman sin demandas
y yo se las entrego sin llamadas.
La sangre gotea de mi mano,
es sudor frío lo que palmo,
una silueta negra veo en el suelo,
es mi pierna que fue arrancada en el vuelo.
Poco a poco me desangro,
la vista se nubla lejos de mi agrado,
mis latidos de vida se frenan;
los muertos que llaman no esperan.
Gota a gota mi vida se acaba
en un manto de tierra dorada,
ya no siento dolor ni frío;
solo un líquido que forma un río.
Sombras sin rostro me llaman,
ellas que mi vida reclaman;
veo sueños que se van,
se van tan libres que no dudan.
Reclamo clemencia a mis pares,
pues ya no veo con claridades;
un nuevo mal me artificio;
pues en mi propia sangre me asfixio.
Sufro de más sin pensar
que todo esto va a acabar,
ya no puedo respirar;
y mi corazón deja ya de funcionar.
Una última puntada me aqueja;
aquella que dice que la vida nos deja,
una lágrima rueda por mi maltrecha apariencia;
mientras yo me despojo de mi triste existencia...