César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
A mi hija...
Mi niña creció con los caballos
-juguetes gigantes de su infancia-
correteando descalza la mirada distraída de las gentes.
Mi pequeña fue tierra con la tierra;
olor a rubio sol tenía en su pelo
y un dejo de hojas verdes desprendidas en sus manos.
Mi princesa fue techo de palma
sobre las paredes del barro,
con manos amorosas que me la bien-cuidaron.
Mi alicia fue como cualquier alicia
de las cuentas y los cuentos vespertinos.
Esencia de aguacates, pomarrosas y guayabas.
Mi china de mañana campesina
fue el mágico realismo de la lluvia
y anonimato insigne de los pueblos olvidados.
Mi hija, con su corazón silvestre,
se llevó consigo al mundo ancho
un alma carmesí poeta, repleta de árboles y flores.
Mi niña creció con los caballos
-juguetes gigantes de su infancia-
correteando descalza la mirada distraída de las gentes.
Mi pequeña fue tierra con la tierra;
olor a rubio sol tenía en su pelo
y un dejo de hojas verdes desprendidas en sus manos.
Mi princesa fue techo de palma
sobre las paredes del barro,
con manos amorosas que me la bien-cuidaron.
Mi alicia fue como cualquier alicia
de las cuentas y los cuentos vespertinos.
Esencia de aguacates, pomarrosas y guayabas.
Mi china de mañana campesina
fue el mágico realismo de la lluvia
y anonimato insigne de los pueblos olvidados.
Mi hija, con su corazón silvestre,
se llevó consigo al mundo ancho
un alma carmesí poeta, repleta de árboles y flores.
Enero y mi amor bonito... 2016. César Guevara
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