Dicen que llegando a los cincuenta
corazón fuerte y alma acorazada,
porque sabes librar la batalla,
soportar los embates,
los golpes de la vida
y las mujeres.
Porque todas ellas están en mí,
en mi ajado frenesí.
Sólidos pilares soportan mi peso,
a cada mujer un beso
de corazón abierto o esquivo.
La que sueña despierta,
la que te llama urgente
y luego graciosamente abofetea,
llevándote a la muerte
undiéndote en la miseria
o en la tediosa noche inpenitente.
A la diosa y a la impía,
a la que te lleva a los altares
y con labios frenesí te ata;
la que siente y te abraza.
Pero yo estoy fraguado de románticas,
que maduran en bodegas
creciendo a golpes de vida,
a golpes de gentes
y que solo languidecen
ante la brutal memoria,
ante la cruel secuencia
de las páginas de historia.
corazón fuerte y alma acorazada,
porque sabes librar la batalla,
soportar los embates,
los golpes de la vida
y las mujeres.
Porque todas ellas están en mí,
en mi ajado frenesí.
Sólidos pilares soportan mi peso,
a cada mujer un beso
de corazón abierto o esquivo.
La que sueña despierta,
la que te llama urgente
y luego graciosamente abofetea,
llevándote a la muerte
undiéndote en la miseria
o en la tediosa noche inpenitente.
A la diosa y a la impía,
a la que te lleva a los altares
y con labios frenesí te ata;
la que siente y te abraza.
Pero yo estoy fraguado de románticas,
que maduran en bodegas
creciendo a golpes de vida,
a golpes de gentes
y que solo languidecen
ante la brutal memoria,
ante la cruel secuencia
de las páginas de historia.