Alberto Byrd Suárez
Poeta recién llegado
Esta noche, cielo, no amontones hoy tus nubes.
Déjame cruzar en tu vasto espacio mi mirada,
Caminando con la vista en alto hacia tu Luna nacarada.
Tú inspirándome, llenándome, me dominas y me subes
Por la suave blanca luz de apariencia fría, congelada
De tu reina redonda nocturna que presumes.
Cielo, déjame elevarme hasta tu seno sereno,
Soñar despierto y acogerme entre tu velo
Que desprende tu frente estrellada
En un mar de firmamento de tu noche muy helada.
Pues esta noche, cielo, me encontraré en secreto
Con la dueña de mi corazón, mujer mía muy amada.
Y después de un rato despejado
Voy por la noche entre neblina
Cuando dejas caer de tu reino la llovizna
Cambiando tu manto oscuro azulado
Por nubes de un color indescriptible, amoratado;
Anunciando la tormenta que avecinas.
Resuena el lodo que con dádiva azotas
Hasta que de pronto tranquilizas tu filarmónica de gotas
Despidiendo tan singular aroma de ensueño
De una noche que dejó sus nubes en el suelo
Y se detiene tu llanto y no hay neblina.
Te vuelves despejado
Dejando el aire limpio refrescado.
Ahora veo dentro de gotas temblorosas
Tus estrellas que tiritan,
Entonces sucede que dejo el árbol a mi lado
Para admirar la Luna que me inspira.
¡Oh, semejante maravilla! Esta noche, mejor en ti ver no pudiera.
¡Esta Luna hermosa como nunca! Que se ve mejor después de que llovieras
Después de una noche que dejó sus nubes en el suelo.
Ah, sombras del bosque por luz de Luna.
Se vuelven armoniosos mis sentidos.
Sosegadas son las aguas del lago reflejando luz de Luna.
Clamorosas las del río que la acompaña con sonido.
Son ocasión oportuna de inspiración
Cuando mi amada esté de vuelta
Para susurrarle dulces palabras al oído
Decirle entre tantas cosas, sobre astros de las alturas:
Mira cómo baila la blanca luz
iluminando la fuente en el jardín de blancas esculturas.
Cubriéndose los pinos en su tul;
Dejando atrás sus sombras cual pintura
Y cuando la brisa nocturna sople taciturna,
Decirle: Pero en verdad, cuando más hermosa ha de lucir
es en tu piel, amada mía.
Y sólo en tu piel, la luz de Luna.
Alberto Byrd Suárez
Déjame cruzar en tu vasto espacio mi mirada,
Caminando con la vista en alto hacia tu Luna nacarada.
Tú inspirándome, llenándome, me dominas y me subes
Por la suave blanca luz de apariencia fría, congelada
De tu reina redonda nocturna que presumes.
Cielo, déjame elevarme hasta tu seno sereno,
Soñar despierto y acogerme entre tu velo
Que desprende tu frente estrellada
En un mar de firmamento de tu noche muy helada.
Pues esta noche, cielo, me encontraré en secreto
Con la dueña de mi corazón, mujer mía muy amada.
Y después de un rato despejado
Voy por la noche entre neblina
Cuando dejas caer de tu reino la llovizna
Cambiando tu manto oscuro azulado
Por nubes de un color indescriptible, amoratado;
Anunciando la tormenta que avecinas.
Resuena el lodo que con dádiva azotas
Hasta que de pronto tranquilizas tu filarmónica de gotas
Despidiendo tan singular aroma de ensueño
De una noche que dejó sus nubes en el suelo
Y se detiene tu llanto y no hay neblina.
Te vuelves despejado
Dejando el aire limpio refrescado.
Ahora veo dentro de gotas temblorosas
Tus estrellas que tiritan,
Entonces sucede que dejo el árbol a mi lado
Para admirar la Luna que me inspira.
¡Oh, semejante maravilla! Esta noche, mejor en ti ver no pudiera.
¡Esta Luna hermosa como nunca! Que se ve mejor después de que llovieras
Después de una noche que dejó sus nubes en el suelo.
Ah, sombras del bosque por luz de Luna.
Se vuelven armoniosos mis sentidos.
Sosegadas son las aguas del lago reflejando luz de Luna.
Clamorosas las del río que la acompaña con sonido.
Son ocasión oportuna de inspiración
Cuando mi amada esté de vuelta
Para susurrarle dulces palabras al oído
Decirle entre tantas cosas, sobre astros de las alturas:
Mira cómo baila la blanca luz
iluminando la fuente en el jardín de blancas esculturas.
Cubriéndose los pinos en su tul;
Dejando atrás sus sombras cual pintura
Y cuando la brisa nocturna sople taciturna,
Decirle: Pero en verdad, cuando más hermosa ha de lucir
es en tu piel, amada mía.
Y sólo en tu piel, la luz de Luna.
Alberto Byrd Suárez