Mi amigo el mar

Sommbras

Poeta adicto al portal
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Atardecer sobre el monstruo glauco. Mar, enjambre moviente. Lo observo, lo leo, y clasifico lo formidablemente que ruge el mar.
Mientras la gaviota realiza un vuelo preñado, la encendida duna sonríe.
En el puerto, tose el cielo y el propio cielo aspira su luz.
El viento nordeste con cabellos de siroco, va colocando Por la Lonja espasmos en los peces; pobrecitos, además van hiriéndose con el mimbre roto de las cestas.
De pie sobre el castillo, un viejo marino estira el brazo vociferando a lo largo e interrogando al poniente. Atracan más barcos de pesca. Al frente, pasean lobos de mar; parecerían querer contarnos sus luchas en aventuras de oro y escualos de hierro. Los marineros de mi pueblo tienen islas en los ojos.
En estas mañanas, el puerto es un feroz revoltijo donde todos los ojos, todas las islas se buscan, y donde todo se encuentra -salvo un corazón.




Mar
Cielo a la inversa.
Ojo de buey del infierno,
Cosa más grande entre tantas cosas.
Majestad I con rango de majestades.
Mar, plaga persistente.
Tragedia reforzada de tormentas.
Tus dones de vida y de asesino.
¡Silénciate!
¡Tu enamorado te habla!



Aquí en la playa, yo escucho cabrillear al agua. Por las noches, por donde cruza Saturno, se deja ver un fuego que se balancea. Todo su alrededor es un anillo de lapislázuli puro por donde el cielo lo abraza en matrimonio. Un pájaro huye para quedarse, vuelve y se borra de la arena.
Mar, yo te escucho y te digo, que ningún marinero entiende los gritos de tu pecho. Tendrías que dormir mejor, eres nodriza de sueño. Mar con leyes de tiburón, estás al acecho de la carne, tienes rojos los ojos de los desaparecidos, aunque el recuerdo de tu litoral será mi verano de por vida...

(Recuerdo en el verano,
mientras las casas en el pueblo iban respirando del atardecer, la primavera en el fondo del mar...
Las esponjas ventilando a pleno pulmón. Los erizos escuchando el ruido de la hélice del barco. La lata de la coca cola que lentamente caía e iba rodando por la piel de la arena. Los peces mancos, huyendo del movimiento de la coca cola, mientras sus labios daban gruesos besos al mar...
Paseabas por la playa, y las olas asemajan hierbas del océano que iban sembrando arenas adormecidas.
Y arriba el cielo.
El cielo con sus árboles desnudos, el cielo separando el infinito con sus olas, el cielo donde el mar no es más que una gotita de agua.
Cuando no estoy en la playa, yo simplemente miro al sol para mascar lo que brilla como una naranja…)



A tu lado yo conocí un océano, una sonrisa,
una barquita, un secreto, una mujer de lunas.

Ella fue un único ser en incontables seres.
Yo miro al sol para iluminarlos a todos.

Ella fue como una ola en una tormenta,
la ola de las crestas más altas.

Por eso te digo mar: mejor es no ver.
Mejor es enamorarse insensiblemente.

O no conocer a nadie,
no fijarse en nadie.

Insensible miseria también.


Hoy sólo sé que,
cuando miro a mi amigo el mar,
él me busca los ojos.
Me mira y me dice:
“No tengas miedo,
mar es tu verano,
mar es casi amar,
búscame,
no estés solo,
eres hombre de mar,
quiéreme siempre,
hasta que en un espejo,
mar adentro de tus ojos,
navegues en otro (a) mar”.


..
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Chus Soriano







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Última edición:
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Atardecer sobre el monstruo glauco. Mar, masa moviente. Formidablemente, ruge el mar.
La duna, mientras la gaviota realiza un vuelo melancólico, sonríe sonrosada.
En el puerto, tose el cielo y el propio cielo aspira su luz.
El ambiente porteño, esposo de la tempestad con garras de nordeste y cabellos de siroco,
coloca espasmos en los peces que además van hiriéndose con el mimbre roto de las cestas.
Un viejo marino, de pie sobre el castillo, estira el brazo vociferando a lo largo e interrogando al viento. Atracan más barcos de pesca. Al frente, pasean lobos de mar; parecerían querer contarnos sus luchas en aventuras de oro y escualos de hierro. Los marineros de mi pueblo tienen islas en los ojos.
Así, el puerto es un feroz revoltijo donde todas las islas se buscan, y donde todo se encuentra -salvo un corazón.




Mar





Cielo a la inversa.





Ojo de buey del infierno,





Cosa más grande entre tantas cosas.





Majestad I con rango de majestades.





Mar, plaga persistente.





Reforzada de tormentas.





Tus dones de vida y de asesino.





¡Silénciate!





¡Tu enamorado te habla!









Aquí en la playa, yo escucho al agua que cabrillea. A lo lejos, por donde de noche cruza Saturno, se deja ver un fuego que se balancea. Todo su alrededor es un anillo de lapislázuli puro por donde el cielo lo abraza en matrimonio. Un pájaro, que pintado estaba, se borra de la arena. Mar, yo te escucho y te digo, que ninguno entiende los gritos de tu pecho. Tendrías que dormir mejor, eres nodriza de sueño. Mar con leyes de tiburón estás al acecho de la carne, tienes rojos los ojos de los desaparecidos, aunque el recuerdo de tu litoral será mi verano de por vida...

(La primavera en el fondo del mar, mientras las casas en el pueblo iban respirando del atardecer…
Las esponjas ventilando a pleno pulmón.
Los erizos escuchando el ruido de la hélice del barco.
La lata de la coca cola que lentamente caía e iba rodando por la piel de la arena…
Los peces mancos, huyendo del intruso rojo, dando gruesos besos al mar...
En la playa, las olas son hierbas del océano que van sembrando las arenas adormecidas…
Y arriba el cielo.
El cielo con sus árboles desnudos, el cielo separando el infinito con sus olas, el cielo donde el mar no es más que una gotita de agua, y en estas olas, se debería procurar sentir los sentimientos del mar, cuando te decides el cielo mirar.
Yo miro al sol para mascar lo que brilla como una naranja…)



A tu lado yo conocí un océano, una sonrisa,





una barquita, un secreto, una mujer de lunas.






Ella fue un ser en incontables seres.






Yo miro al sol para iluminarlos a todos.






Ella fue como una ola en una tormenta,





la de las crestas más altas.






Por eso te digo mar: mejor es no ver.





Enamorarse insensiblemente.






Segundo, mejor es no conocer a nadie,





no fijarse en nadie.






Insensible miseria también.






Hoy sólo sé que,





cuando miro mi amigo el mar,





él me busca los ojos





para decirme:





“No me tengas miedo,





mar es tu verano,





mar es casi amar,





búscame,





no estés solo,





eres hombre de mar,





quiéreme siempre,





hasta que en un espejo,





mar adentro de tus ojos,





navegues en otro (a) mar”.






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Chus Soriano







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Es muy hermoso tu poema,
me recordó a una pelicula de Anthony Queen...
Adoro el mar, no podría vivir sin el mar cerca.
Me da vida, es tan ancho, tan inmenso, tan lejano a la vez.
Un placer haber pasado, un beso y tus estrellas:::hug:::
 
Es muy hermoso tu poema,
me recordó a una pelicula de Anthony Queen...
Adoro el mar, no podría vivir sin el mar cerca.
Me da vida, es tan ancho, tan inmenso, tan lejano a la vez.
Un placer haber pasado, un beso y tus estrellas:::hug:::

Mamen, muchas gracias por tu lectura y amable comentario. Espero que te guste ahora un poco más, ya algo que lo correguí.
Un beso para ti, Chus
 

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