La espuma salpica.
La arena guarda la humedad de su nombre.
Y enfrente solo queda un testigo inmóvil, una roca.
Aquella que siempre ve como las olas rompen en la costa.
Quede observando el sutil tonteo
del polen que llama a la pequeña abeja.
Para que ya en el avispero,
quede el fruto dulce del amor entre celdas.
El abrazo helado, duro y a la vez tierno.
Se siente débil pese a su valor,
frágil cual cristal y victima del calor,
mudo, duro y suave es el frió del invierno.
Y así, cual ola rota al tocar tierra.
Cual abeja seducida por una bella flor.
Quedo mi dulce y frió corazón,
en espera del calor que solo ofrecen tus labios. Mi amor...
Y la única testigo, será esa roca que muda quedó al vernos juntos a los dos...
La arena guarda la humedad de su nombre.
Y enfrente solo queda un testigo inmóvil, una roca.
Aquella que siempre ve como las olas rompen en la costa.
Quede observando el sutil tonteo
del polen que llama a la pequeña abeja.
Para que ya en el avispero,
quede el fruto dulce del amor entre celdas.
El abrazo helado, duro y a la vez tierno.
Se siente débil pese a su valor,
frágil cual cristal y victima del calor,
mudo, duro y suave es el frió del invierno.
Y así, cual ola rota al tocar tierra.
Cual abeja seducida por una bella flor.
Quedo mi dulce y frió corazón,
en espera del calor que solo ofrecen tus labios. Mi amor...
Y la única testigo, será esa roca que muda quedó al vernos juntos a los dos...