Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hoy, un ángel va conmigo a todas partes.
Un humilde ángel de plástico.
Repinto sus colores al querubín afable,
-uno por mudanza y acorde al nuevo ámbito,
de modo que su aspecto no contraste;
con los celestes... o grises de mi ánimo.-
Tañendo su pequeño laúd, revolotea,
y así, musicaliza mis versos desvelados.
A veces, lo presiento posado en mi tristeza.
Con sus ojitos tiernos, abiertos y azorados.
¡Feliz! si evoca sueños mi lírica quimera...
Esperanzado el niño, que llegue a realizarlos.
Huerfanito, lo hallé -tirado en la basura.-
¿Quien pudo -y tan cruelmente-
desprenderse así, de su ángel? ¡Que locura!
¿O será él, mi ángel revelado pariamente,
como mi corazón, cuando carece de ternura?
Solo sé, que nos velamos mutuamente.
Él vuela desafiando, y venciéndole al vino,
¡sus demonios bestiales cuando desatados!
Sé, que sus rechonchos y cálidos deditos,
acarician mi pelo sedándome arrebatos.
Y que mitigan sus alitas, sé, ese frío...
¡de cierta gente y sus embates ordinarios!
Y sé, que en mi accidente aquel domingo
y otras cuitas, salvador, fue su milagro.
Lucía gris, últimamente mi pobre angelito.
Pero de pronto; su color está variando...
¡Ah! Es que te conocí, mi "flor de estío".
¡Míralo volar amor! Risueño... y sonrojado.
©Juan Oriental
Un humilde ángel de plástico.
Repinto sus colores al querubín afable,
-uno por mudanza y acorde al nuevo ámbito,
de modo que su aspecto no contraste;
con los celestes... o grises de mi ánimo.-
Tañendo su pequeño laúd, revolotea,
y así, musicaliza mis versos desvelados.
A veces, lo presiento posado en mi tristeza.
Con sus ojitos tiernos, abiertos y azorados.
¡Feliz! si evoca sueños mi lírica quimera...
Esperanzado el niño, que llegue a realizarlos.
Huerfanito, lo hallé -tirado en la basura.-
¿Quien pudo -y tan cruelmente-
desprenderse así, de su ángel? ¡Que locura!
¿O será él, mi ángel revelado pariamente,
como mi corazón, cuando carece de ternura?
Solo sé, que nos velamos mutuamente.
Él vuela desafiando, y venciéndole al vino,
¡sus demonios bestiales cuando desatados!
Sé, que sus rechonchos y cálidos deditos,
acarician mi pelo sedándome arrebatos.
Y que mitigan sus alitas, sé, ese frío...
¡de cierta gente y sus embates ordinarios!
Y sé, que en mi accidente aquel domingo
y otras cuitas, salvador, fue su milagro.
Lucía gris, últimamente mi pobre angelito.
Pero de pronto; su color está variando...
¡Ah! Es que te conocí, mi "flor de estío".
¡Míralo volar amor! Risueño... y sonrojado.
©Juan Oriental