Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Durmiendo plácidamente
en una noche de invierno,
un sentimiento muy tierno
me abrazó cálidamente:
llegaron hasta mí mente
por un ángel transportado
los recuerdos del pasado
naufragando en el olvido;
que arrancarlos no he podido,
porque sigo enamorado.
Por sus alas cobijado
recuerdo el momento hermoso,
sublime, maravilloso
cuando se sentó a mí lado.
He visto cuanto has llorado,
he visto tu sufrimiento
me duele a mí tu tormento
por el amor que padeces;
tanto dolor no mereces,
no estar antes me arrepiento.
He acudido a tu llamado
para erradicar tus penas,
para cortar las cadenas
con las que vives atado:
te he mirado destrozado
tu pobre alma sin aliento,
el amor que es el sustento
para mantenerse vivo;
se ha marchado sin motivo,
sin ningún remordimiento.
A mí tez acariciaba
mirándome fijamente,
me cobijó tiernamente
y expresó cuanto me amaba;
y mientras que él me abrazaba
pude hablarle muy quedito,
le dije padre bendito:
quiero marchar a tu lado;
tú que siempre me has amado,
tu compasión solicito.
Cual si fuera dulce canto
su tierna voz se escuchaba
mientras mis ojos miraba
me cobijaba en su manto;
por sus mejillas el llanto
le vi rodar temeroso
mientras tanto cariñoso
con ternura me abrazaba
al tiempo que me besaba
como un padre cariñoso.
en una noche de invierno,
un sentimiento muy tierno
me abrazó cálidamente:
llegaron hasta mí mente
por un ángel transportado
los recuerdos del pasado
naufragando en el olvido;
que arrancarlos no he podido,
porque sigo enamorado.
Por sus alas cobijado
recuerdo el momento hermoso,
sublime, maravilloso
cuando se sentó a mí lado.
He visto cuanto has llorado,
he visto tu sufrimiento
me duele a mí tu tormento
por el amor que padeces;
tanto dolor no mereces,
no estar antes me arrepiento.
He acudido a tu llamado
para erradicar tus penas,
para cortar las cadenas
con las que vives atado:
te he mirado destrozado
tu pobre alma sin aliento,
el amor que es el sustento
para mantenerse vivo;
se ha marchado sin motivo,
sin ningún remordimiento.
A mí tez acariciaba
mirándome fijamente,
me cobijó tiernamente
y expresó cuanto me amaba;
y mientras que él me abrazaba
pude hablarle muy quedito,
le dije padre bendito:
quiero marchar a tu lado;
tú que siempre me has amado,
tu compasión solicito.
Cual si fuera dulce canto
su tierna voz se escuchaba
mientras mis ojos miraba
me cobijaba en su manto;
por sus mejillas el llanto
le vi rodar temeroso
mientras tanto cariñoso
con ternura me abrazaba
al tiempo que me besaba
como un padre cariñoso.
Última edición: