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Mi ángel voltea la mirada
y al verme esboza una sonrisa,
la calma renace mansamente
pues sus ojos de luz y maravillas
se han posado en mi mortal caída,
engalanándome de sol y nuevas brisas.
Mi ángel me regala su ternura
ofreciéndome seguir su aura nívea,
no me resisto, es que su ser desborda,
de mil estrellas y mil delicias
y en su mirada, una dulzura infinita.
Se fueron todas las dudas,
sus suaves manos se acercan y me invita
a recorrer con él, toda mi vida,
luego, un segundo de paz,
transforma la blanca luz,
en una eterna caricia.
Mi ángel voltea la mirada
y al verme esboza una sonrisa,
la calma renace mansamente
pues sus ojos de luz y maravillas
se han posado en mi mortal caída,
engalanándome de sol y nuevas brisas.
Mi ángel me regala su ternura
ofreciéndome seguir su aura nívea,
no me resisto, es que su ser desborda,
de mil estrellas y mil delicias
y en su mirada, una dulzura infinita.
Se fueron todas las dudas,
sus suaves manos se acercan y me invita
a recorrer con él, toda mi vida,
luego, un segundo de paz,
transforma la blanca luz,
en una eterna caricia.
Mi ángel voltea la mirada
y al verme esboza una sonrisa,
la calma renace mansamente
pues sus ojos de luz y maravillas
se han posado en mi mortal caída,
engalanándome de sol y nuevas brisas.
Mi ángel me regala su ternura
ofreciéndome seguir su aura nívea,
no me resisto, es que su ser desborda,
de mil estrellas y mil delicias
y en su mirada, una dulzura infinita.
Se fueron todas las dudas,
sus suaves manos se acercan y me invita
a recorrer con él, toda mi vida,
luego, un segundo de paz,
transforma la blanca luz,
en una eterna caricia.
Mi ángel voltea la mirada
y al verme esboza una sonrisa,
la calma renace mansamente
pues sus ojos de luz y maravillas
se han posado en mi mortal caída,
engalanándome de sol y nuevas brisas.
Mi ángel me regala su ternura
ofreciéndome seguir su aura nívea,
no me resisto, es que su ser desborda,
de mil estrellas y mil delicias
y en su mirada, una dulzura infinita.
Se fueron todas las dudas,
sus suaves manos se acercan y me invita
a recorrer con él, toda mi vida,
luego, un segundo de paz,
transforma la blanca luz,
en una eterna caricia.
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