Hellen Cristy
Poeta adicto al portal
Una tarde gris, sombría de palabras solitarias
Vislumbraba en el horizonte crueles estíos
Revoloteaban en los árboles hondas huellas
De dolores, consecuencias y profundos hastíos
La tarde oscurecida perdía todo encanto
No brindaba el verdor de su naturaleza
A pesar de ser bella, de paisajes frondosos
Dedicaba sombras tornándola muerta
El trinar de los pájaros parecía llanto
Friolento y tedioso era el correr del río
El vuelo de las mariposas pausado, lento
Soplaba el aire pero no se intuía el viento
Lúgubre era el panorama de la tarde
Sin sentido, sin olfato, sin tonos, sin valor
Nada tenía vida, no poseía contrastes
Carecía de todo, no recogía más que dolor
Y apareciste tú Ángel peregrino, llegaste
A mudar la tarde, ya no hay sombras
A borrar huellas, a sembrar contrastes
A regalarme amor cambiando mi vida
La tarde se tornó clara y encantadora
Ofreciendo verdor a todo el ambiente
Contemplándola me sorprendió la aurora
Aferrada a tu querer, a tus manos fuertemente
Cambió a tu lado el cantar de las aves
El frío desgarrante se convirtió en calor
El rió corrió risueño y danzó descalzo
Llenaste la tarde con tu inmenso amor
Agradable se restituyó el espectáculo
Cobro sentido, nació el olor de la flores
Poseía candor, sentido e intenso brillo
Vestiste la tarde de lozanos colores
A partir de entonces no hay tardes opacas
No hay tardes insensibles, si toco tus manos
Ángel adorado tu las llenas plenamente todas
Desde el feliz día en que tu y yo nos encontramos
Gracias a aquella tarde estamos unidos
Viniste a buscarme cabalgando en tu corcel
Permaneciendo en un solo ser fundidos
Salvador de mi corazón, estrella de amor, mi Ángel
Me rescataste, ahora en tu adorable corazón vivo
Revistiéndome de abrigos, me das esplendor
Estabas escrito en mi dichoso y acertado destino
Vivo satisfecha a tu lado, mi valioso Ángel de amor
Hellen Cristy
17-8-2006
Vislumbraba en el horizonte crueles estíos
Revoloteaban en los árboles hondas huellas
De dolores, consecuencias y profundos hastíos
La tarde oscurecida perdía todo encanto
No brindaba el verdor de su naturaleza
A pesar de ser bella, de paisajes frondosos
Dedicaba sombras tornándola muerta
El trinar de los pájaros parecía llanto
Friolento y tedioso era el correr del río
El vuelo de las mariposas pausado, lento
Soplaba el aire pero no se intuía el viento
Lúgubre era el panorama de la tarde
Sin sentido, sin olfato, sin tonos, sin valor
Nada tenía vida, no poseía contrastes
Carecía de todo, no recogía más que dolor
Y apareciste tú Ángel peregrino, llegaste
A mudar la tarde, ya no hay sombras
A borrar huellas, a sembrar contrastes
A regalarme amor cambiando mi vida
La tarde se tornó clara y encantadora
Ofreciendo verdor a todo el ambiente
Contemplándola me sorprendió la aurora
Aferrada a tu querer, a tus manos fuertemente
Cambió a tu lado el cantar de las aves
El frío desgarrante se convirtió en calor
El rió corrió risueño y danzó descalzo
Llenaste la tarde con tu inmenso amor
Agradable se restituyó el espectáculo
Cobro sentido, nació el olor de la flores
Poseía candor, sentido e intenso brillo
Vestiste la tarde de lozanos colores
A partir de entonces no hay tardes opacas
No hay tardes insensibles, si toco tus manos
Ángel adorado tu las llenas plenamente todas
Desde el feliz día en que tu y yo nos encontramos
Gracias a aquella tarde estamos unidos
Viniste a buscarme cabalgando en tu corcel
Permaneciendo en un solo ser fundidos
Salvador de mi corazón, estrella de amor, mi Ángel
Me rescataste, ahora en tu adorable corazón vivo
Revistiéndome de abrigos, me das esplendor
Estabas escrito en mi dichoso y acertado destino
Vivo satisfecha a tu lado, mi valioso Ángel de amor
Hellen Cristy
17-8-2006