Quise ser en tu piel, cráter, volcán
y te queme en mi lava tan ardiente
entonces quise ser lluvia silente
pero fui de la escarcha un huracán.
Quise ser dulcedumbre a manos llenas
pero fui ese jarabe que empalaga
si fui ola de sal herí la llaga
fui tan solo daga que envenena.
Ni de aire, ni de agua, ni de fuego,
fuiste brisa lejana e intocable
yo dije ahora, tu dijiste luego
de sobra estuvo mi ternura ¡quizás!
murió el amor, me declaro culpable
ya lo sé mi cariño ¡ Siempre estuvo de más!
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Por partes,
La primera, que ya sé que eres Lorenha al venir a tu perfil y buscar tus poemas (es que en mi respuesta a tu comentario en ""El Gatillazo"", dejaba la incógnita de quien eras, aunque yo afirmaba que me parecías que eras Lorenha)
La segunda, ufffffffffffffffff, tremendo poema pleno de una melancolía que deja el alma transida. En su dolor, existe belleza poética, sí, y es que de los estados de melancolía surgen, a veces, los más altos y líricos poemas, tal cual es en este caso.
No sé que decirte, ¿que puedo decir?, creo que esos momentos se han de dirimir a solas, y saber que hay un ciclo ineludible:
Sorpresa (por lo inesperado; inesperado porque estábamos ciegos sin ver lo que se avecinaba, o no quererlo ver)
Incredulidad (esto no me puede estar pasando a mí)
Dolor insufrible al ver la realidad (con la mente en blanco, con el corazón vacío, con desesperación)
Rabia contra él ( o ella, según sea el caso) y contra uno mismo, y contra el Mundo.
Odio, no un odio real, solo un odio aparente, pero que se cuela en nuestra consciencia.
Pensamiento, medio frío, medio caliente, pero ya es el primer paso hacia la libertad.
Aceptación de lo que ha acontecido.
Perdón, perdonamos a él o a ella (según el caso), y nos perdonamos a nosotros mismos.
A partir de aquí, ya somos libres para emprender de nuevo el camino.
Besos, hermosa flor allende los mares, besos Luna preciosa de azul, de plata, y de nácar, besos en alas de los vientos.