F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Mi carta
Quiero lanzar esta carta
a quien pueda contestar,
sin dirección ni membrete,
(¿al aire?, ¿al cielo?, ¿a la mar?)
porque muchos de los niños
de los países sin paz
viven el trauma de guerras,
no tienen lágrimas ya.
Lloran y nadie les oye,
piden y nadie les da.
¿Dónde se encuentra la gente
que brinda con «Caridad»?
¿Dónde los que compran armas
para con saña matar?
El Odio, es una lepra,
que corroe sin cesar
el sentimiento y el alma.
El fanatismo es letal…
manipulando creencias…
Las armas... ¡es demencial
querer jugar a las guerras!.
¡Y los niños… sin jugar!
Un periodista pregunta
a un anciano del lugar
el futuro de los niños…
y responde sin dudar:
«-¡Si no tienen qué comer,
¿para qué van a estudiar?...»
¡Qué maldito pensamiento!
¡Alá y Jesús, reparad!:
Que se acabe esta locura,
esta locura acabad,
porque los hombres no somos
fáciles de gobernar.
Y derramad en nosotros,
con vuestra inmensa piedad,
la Comprensión, el Cariño
y un soplo de Caridad.
Que todos los niños jueguen,
que se cansen de saltar;
que cambien sus ojos tristes
por alegre despertar;
porque ninguno se quede
sin comer, sin estudiar;
porque las guerras no existan…
¡y puedan crecer en paz!
Quiero lanzar esta carta
a quien pueda contestar,
sin dirección ni membrete,
(¿al aire?, ¿al cielo?, ¿a la mar?)
porque muchos de los niños
de los países sin paz
viven el trauma de guerras,
no tienen lágrimas ya.
Lloran y nadie les oye,
piden y nadie les da.
¿Dónde se encuentra la gente
que brinda con «Caridad»?
¿Dónde los que compran armas
para con saña matar?
El Odio, es una lepra,
que corroe sin cesar
el sentimiento y el alma.
El fanatismo es letal…
manipulando creencias…
Las armas... ¡es demencial
querer jugar a las guerras!.
¡Y los niños… sin jugar!
Un periodista pregunta
a un anciano del lugar
el futuro de los niños…
y responde sin dudar:
«-¡Si no tienen qué comer,
¿para qué van a estudiar?...»
¡Qué maldito pensamiento!
¡Alá y Jesús, reparad!:
Que se acabe esta locura,
esta locura acabad,
porque los hombres no somos
fáciles de gobernar.
Y derramad en nosotros,
con vuestra inmensa piedad,
la Comprensión, el Cariño
y un soplo de Caridad.
Que todos los niños jueguen,
que se cansen de saltar;
que cambien sus ojos tristes
por alegre despertar;
porque ninguno se quede
sin comer, sin estudiar;
porque las guerras no existan…
¡y puedan crecer en paz!
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