Mi eterna morada, volatil, surco mi brisa.
Escapó, huyó, sin mirada de vuelta.
Cueva que me cobijó, del frio tempano de tus palabras, de tus actos.
Ahora a quien me dirijo,
si mi cueva, mi morada, se alojan en el alma.
Valentia me exijo,
quizas, ya no vuelva a mi refugio.
Desaparece el velo, vuelve la magnitud de la vida,
con unas simples palabras, me dirijo sin rumbo por los surcos de mi vida.
Sin confundir nunca, los pasos,
que he de dar.
Firmes y certeros.
Escapó, huyó, sin mirada de vuelta.
Cueva que me cobijó, del frio tempano de tus palabras, de tus actos.
Ahora a quien me dirijo,
si mi cueva, mi morada, se alojan en el alma.
Valentia me exijo,
quizas, ya no vuelva a mi refugio.
Desaparece el velo, vuelve la magnitud de la vida,
con unas simples palabras, me dirijo sin rumbo por los surcos de mi vida.
Sin confundir nunca, los pasos,
que he de dar.
Firmes y certeros.