Nommo
Poeta veterano en el portal
Eras tú, por aquel entonces, solamente un acertijo.
Quise desnudarte, para entregarme a ti y resolver las ecuaciones de tus fórmulas.
Pero no hubo manera, ya que la vida es una maja desnuda, que quiere ir vestida.
Y es amor, broma, erotismo, humildad. Y como magia.
Tendré que respetarla. Me dije...
Y en esa indeterminación reinante, me muevo.
Adopté una pose de intelectual gallardo y alquimista.
Para convertir el plomo, en oro; y al viejo, en joven.
Quise resultarte atractivo, y sin embargo, conseguí parecer ridículo y patético.
En mi soledad, te escribo algunos versos, para que brillen en ti, mis palabras mágicas.
Una vez, te tuve entre mis brazos.
Sostuve tus aventuras y andanzas, como si fueras títere con cabeza.
Manejé tus instintos primarios: Conservador, liberal, empecinado, ilustre y Sexy.
Fuiste pentagonal, para mí. Te adoraba...
Pero evolucionas, poco a poco, a pentagrama musical, de cinco líneas y cuatro espacios.
Te adornas con la clave de Sol, y la armadura, compuesta por sostenidos y bemoles.
Añades una pizca de ritmo, binario o ternario.
Y te lanzas a componer sinfonías a tres voces, de música clásica.
Con lo cuál, yo, que prefiero el dibujo, me marcho en silencio.
Pero te amo.
Quise desnudarte, para entregarme a ti y resolver las ecuaciones de tus fórmulas.
Pero no hubo manera, ya que la vida es una maja desnuda, que quiere ir vestida.
Y es amor, broma, erotismo, humildad. Y como magia.
Tendré que respetarla. Me dije...
Y en esa indeterminación reinante, me muevo.
Adopté una pose de intelectual gallardo y alquimista.
Para convertir el plomo, en oro; y al viejo, en joven.
Quise resultarte atractivo, y sin embargo, conseguí parecer ridículo y patético.
En mi soledad, te escribo algunos versos, para que brillen en ti, mis palabras mágicas.
Una vez, te tuve entre mis brazos.
Sostuve tus aventuras y andanzas, como si fueras títere con cabeza.
Manejé tus instintos primarios: Conservador, liberal, empecinado, ilustre y Sexy.
Fuiste pentagonal, para mí. Te adoraba...
Pero evolucionas, poco a poco, a pentagrama musical, de cinco líneas y cuatro espacios.
Te adornas con la clave de Sol, y la armadura, compuesta por sostenidos y bemoles.
Añades una pizca de ritmo, binario o ternario.
Y te lanzas a componer sinfonías a tres voces, de música clásica.
Con lo cuál, yo, que prefiero el dibujo, me marcho en silencio.
Pero te amo.
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