Gaita
Poeta recién llegado
Mi confesión,
no era locura de hombre de barba y de pipa;
no era obsesiva religión;
era intentar en escritos, confesarme contigo.
Aunque lejana tú estabas, ya lejos de mí;
de tu sombra ni las ruinas invisibles de la mente
eran posibles en realidad,
por eso yo cuerdo no estaba
pero no era un loco confeso.
Claro que era loco, pero loco
de las rimas escritas al papel
y confesadas al viento del aire;
mi confesión no era más
que declarar el amor que por ti sentía
y había sentido, cuando estabas cerca mío,
y nada de aquel sentimiento
te había dicho.
Mi confesión,
solo aquella que nadie podría leer ni oír,
solo los ojos y oídos de los altos cielos,
estaba escrita y pronunciada
por las facultades del corazón.
Mi confesión,
aunque sincera y hecha rima,
siendo un poema,
estaba arrojada en un rincón del suelo
del sitio donde escribía, en el hogar
de mi fin del mundo.
no era locura de hombre de barba y de pipa;
no era obsesiva religión;
era intentar en escritos, confesarme contigo.
Aunque lejana tú estabas, ya lejos de mí;
de tu sombra ni las ruinas invisibles de la mente
eran posibles en realidad,
por eso yo cuerdo no estaba
pero no era un loco confeso.
Claro que era loco, pero loco
de las rimas escritas al papel
y confesadas al viento del aire;
mi confesión no era más
que declarar el amor que por ti sentía
y había sentido, cuando estabas cerca mío,
y nada de aquel sentimiento
te había dicho.
Mi confesión,
solo aquella que nadie podría leer ni oír,
solo los ojos y oídos de los altos cielos,
estaba escrita y pronunciada
por las facultades del corazón.
Mi confesión,
aunque sincera y hecha rima,
siendo un poema,
estaba arrojada en un rincón del suelo
del sitio donde escribía, en el hogar
de mi fin del mundo.