jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
de un reciente viaje al lejano oriente
uno de mis sobrinos me trajo de regalo
un artilugio cilíndrico de hule endurecido
rugoso al tacto y donde se mete la verga erecta
-a través de una abertura de bordes irregulares
practicada en uno de sus extremos y revestida
de un material blando de cualidad esponjosa-
se mete, pues, la verga como si lo hicieras
en la vagina de una mujer y gradualmente el artefacto
-mientras lo deslizas de arriba abajo a lo largo de tu verga
sujetándolo con una mano y siguiendo la misma mecánica
que aplicarías si estuvieras haciéndote una paja-
el artefacto, entonces, gradualmente
empieza a humedecerse por dentro igual que un coño,
y su suave tejido interno se vuelve más flexible
al tiempo que empieza a ser recorrido a lo largo y ancho
de los miles de microsurcos que atraviesan su materia porosa
por una serie de breves y relampagueantes descargas eléctricas
como si se tratara de la auténtica vagina en pleno trance copulatorio
de una mujer de carne y hueso que se estuviera poniendo
cada vez más cachonda y mojada a medida que tú prosigues
ritmicamente la tarea de brindarle un poco de consuelo
y satisfacción sensorial a tu conturbado sexo que ya
durante los últimos tiempos se las ha venido viendo
cada vez más negras para poder encontrar despejado
el camino que lleva a esa oscura región de solaz erótico
situada más allá de la entrepierna de cualquier mujer;
y que una vez alcanzado cierto grado de temperatura
dentro del receptáculo -o quizás cuando el número
de entradas y salidas por minuto de tu verga en el mismo
rebasa un determinado valor- activa automaticamente
un mecanismo de dilatación-contracción a intervalos
que progresivamente se van acortando según se intensifica
el frenesí masturbatorio que mientras tanto
se ha ido apoderando de tu brazo al sentir que te acercas
cada vez más rápido al punto en que por fin
podrás arrojar esa turbia sustancia que no eres capaz
de llevar cargando en tus huevos más allá de un par de días;
total que en resumidas cuentas
lo que me trajo ese cabrón de mi sobrino de vuelta de su viaje al oriente
es un consolador japonés para pajilleros de última generación
fabricado por la división electrónica de mitsubishi motors;
seguramente el hijo de la chingada se habrá dicho
deambulando como un idiota allá por las callejuelas lluviosas
de la zona roja de tokio o yokohama
se habrá dicho "aquel puto del villa metido día y noche en su cuarto
dedicado según eso a escribir poesía y filosofía y paleontología
en realidad probablemente se pasa más tiempo
conectado a internet y pajeándose delante de la webcam
en alguno de esos sitios de internet donde se reunen
desde todos los rincones de la tierra otros tantos miles
de enfermos sexuales como él para mostrarse mutuamente
sus patéticas piltrafas hinchadas de soledad y frustración"
se habrá dicho "le voy a llevar este puto regalito
para que por lo menos cada vez que se haga una paja
el pobre pendejo pueda tener la sensación de que lo hizo
metido en la vagina de una tipa"
a estas alturas del poema -cambiando un poco de tema-
resulta muy factible que la mayoría de los lectores
se estén ya empezando a preguntar a qué viene
tanto puto discurso sólo para terminar diciendo
que me regalaron un coño de mentiritas para masturbarme con él;
en realidad no tengo ni puta idea ¿sabes?
me desperté hace rato con jaqueca y una leve resaca
y cierta idea rondándome por la cabeza
me preparé un café y me tomé dos aspirinas
y de pronto me encontré pensando "qué tal si escribo alguna cosa
acerca del consolador japonés que me trajo mi sobrino"
no tenía nada en concreto que decir al respecto
-excepto abundar en torno a lo que apunta
el folleto adjunto que viene dentro de la caja del pussy 4000-
y me parece que después de haber leído lo anterior
ya se habrán podido percatar de ello
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