Mi corazón no siente,
mi corazón su calor ha perdido.
Con un ritmo silente,
con un dolor sufrido,
muere un fuego que antaño era encendido.
En su mirada ansiosa
de rutilantes brillos animada,
en su cara pecosa
de motas esmaltada,
había olor de niña enamorada.
El tiempo iba pasando
mientras ella en mujer se convertía,
y apenas olvidando
lo que yo la quería
me clavaba una daga que me hería.
Ahora mi memoria
evoca esos recuerdos con violencia.
Sensación ilusoria
de una antigua demencia
que sigue demostrando su presencia.
Con furor enfermizo,
con pasión que yo nunca confesaba,
me enfrentaba a su hechizo,
pero nunca lograba
mitigar el rencor que me turbaba.
xxx
Churrete