Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ayer dejé un adiós prendido
en el filo de tu ventana,
fue el regalo que yo me hice
tras soplar las velas de mi tarta.
Con cada una que se apagaba
daba vueltas de esperanza,
celofanes verde y grana,
el lazo que yo le ataba.
Acercándome de puntillas
a tu estancia y en silencio,
corté el punto y seguido
que siempre hilo en verso.
En el lado ahora vacío
planté semilla de roble
y a la diestra del alcorque;
una cruz lleva tu nombre.
Cuando crezca frondoso
y sus hojas sean techo
de este amor que es hoy despojo
quizás vuelvan mis ojos,
ya sin luto en la mirada,
a quitar a dentelladas
esta corona de espinas
que dejé anoche clavada,
en la parva de mis sueños,
ensartando nuestras almas.