fidel.vivero
Poeta recién llegado
Qué mujer tan dura
la del corazón de roca,
la que no derroca su postura
aunque se vuelva loca,
aquella de presencia bronca,
y de armadura intacta,
que no permite que la toque ni un sigilo
ni una daga,
aquella que parece sorda,
que no cede,
que su ego engorda,
que no permite sugerencias,
aquella que prefiere quedarse sola,
antes de abrirse,
antes de ponerse vulnerable,
prefiere esconderse tras ese traje de dama dura,
todopoderosa,
la que no necesita ayuda,
la que no concede gloria.
Qué difícil es amarte caparazón intrigante,
qué difícil es roer tu dignidad inquebrantable,
tu orgullo soso y tu vanidad errante.
Pero sin dudarlo,
eso que tú eres,
es lo que me mantiene en una lucha constante.
No puedo con mi orgullo y muero por abrazarte,
rozar tus pies, por ir a hablarte,
no importa darme otra bocanada de orgullo,
no importa atragantarme,
prefiero morir de gula,
que dejar de intentar doblarte,
quitar tus capas,
tu armadura,
y dejarte desnuda,
aunque sea imposible mi dama dura.
la del corazón de roca,
la que no derroca su postura
aunque se vuelva loca,
aquella de presencia bronca,
y de armadura intacta,
que no permite que la toque ni un sigilo
ni una daga,
aquella que parece sorda,
que no cede,
que su ego engorda,
que no permite sugerencias,
aquella que prefiere quedarse sola,
antes de abrirse,
antes de ponerse vulnerable,
prefiere esconderse tras ese traje de dama dura,
todopoderosa,
la que no necesita ayuda,
la que no concede gloria.
Qué difícil es amarte caparazón intrigante,
qué difícil es roer tu dignidad inquebrantable,
tu orgullo soso y tu vanidad errante.
Pero sin dudarlo,
eso que tú eres,
es lo que me mantiene en una lucha constante.
No puedo con mi orgullo y muero por abrazarte,
rozar tus pies, por ir a hablarte,
no importa darme otra bocanada de orgullo,
no importa atragantarme,
prefiero morir de gula,
que dejar de intentar doblarte,
quitar tus capas,
tu armadura,
y dejarte desnuda,
aunque sea imposible mi dama dura.