Évano
Libre, sin dioses.
Ven desnuda al reloj de mi arena,
a los sueños que caen derruidos.
Me retienen cristales quebrados
que a penas me sostienen al tiempo.
Lo sujeto con sedas de ayer,
con los restos del niño que fui.
Ven desierta, sin huesos ni carnes;
trae solo la luz que te quede.
Sé que ya eres la noche profunda
y me vienes tallada de cruces
por peldaños de piedras que ascienden
a campanas que ya no te tañen.
No preciso silencios ni ruidos,
ni subir o bajar escaleras
de espirales con roscas sin fin;
sino la Tierra tal como fue.
Sentados a la puesta del sol,
abriremos los ojos al alba,
dormiremos en pechos que laten
y hablaremos de nada en concreto;
veremos absurdas películas
y seremos literaturas sin temas
por paisajes que quieran los pies
hasta que se desplomen los hombres,
o nos venza la muerte en sosiego.
a los sueños que caen derruidos.
Me retienen cristales quebrados
que a penas me sostienen al tiempo.
Lo sujeto con sedas de ayer,
con los restos del niño que fui.
Ven desierta, sin huesos ni carnes;
trae solo la luz que te quede.
Sé que ya eres la noche profunda
y me vienes tallada de cruces
por peldaños de piedras que ascienden
a campanas que ya no te tañen.
No preciso silencios ni ruidos,
ni subir o bajar escaleras
de espirales con roscas sin fin;
sino la Tierra tal como fue.
Sentados a la puesta del sol,
abriremos los ojos al alba,
dormiremos en pechos que laten
y hablaremos de nada en concreto;
veremos absurdas películas
y seremos literaturas sin temas
por paisajes que quieran los pies
hasta que se desplomen los hombres,
o nos venza la muerte en sosiego.
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